La rabia

— Deshacerse de la rabia —

La rabia está arraigada en los juicios, clasificamos a los demás de acuerdo con nuestra fantasía, con normas que elegimos y les aplicamos, es posible que ellos ni siquiera sepan cuales son, pero eso no nos importa.

Muchas veces la gente se enfada con nosotros porque defraudamos sus expectativas. Pero es posible que esas expectativas sean totalmente quiméricas y que por mucho que lo intentásemos no podríamos satisfacerles.

…Una paciente mía me contó que su madre estaba
muy molesta porque de pequeña su hija no era rubia.

Qué cosa tan triste. Las heridas infantiles provocadas por las expectativas irrazonables de los padres pueden ser difíciles de curar. Hay que darse cuenta de que los padres se engañaban, de que tenían una idea equivocada, y eso no debe hacerse simplemente desde la cabeza o el intelecto. El descubrimiento tiene que ser algo visceral, algo que salga del corazón.

Hágase las siguientes preguntas con tranquilidad,
y sin juzgar ni criticar, sea consciente de las ideas, las
sensaciones y las imágenes que vayan surgiendo.

  • ¿En qué fueron irrazonables sus padres al exigirle y esperar cosas de usted?
  • ¿Fue usted alguna vez un títere de los intereses tergiversados de sus padres?
  • ¿Vivian a través de usted?
  • ¿Le utilizaban para impresionar a otras personas, por ejemplo
  • a sus amigos, sus hermanos o sus padres?

La preocupación excesiva por las opiniones de los demás puede indicar que le utilizaron para esos fines. Lo ideal seria que no importara tanto lo que piensen de usted los demás como el saber que está haciendo lo que debe, buscando su verdad personal, dando pasos guiados por la compasión.

-Deje a un lado esa dependencia y libérese-

La culpa es un tipo de autorrabia, de rabia dirigida hacia dentro. Sucede cuando nos desilusionamos a nosotros mismos, cuando defraudamos las expectativas de nuestro yo idealizado.

La rabia es una defensa del ego, una defensa contra el miedo a ser:

  • humillados o a pasar vergüenza
  • el miedo a que no nos tengan en consideración
  • a que se rían de nosotros
  • el miedo a quedar desprestigiados
  • el miedo incluso a la perdida
  • El miedo de no conseguir lo que queremos

Creemos que la rabia nos «protege» de los demás, de quienes podrían
hacernos esas cosas, de quienes también nos demuestran rabia.

La rabia es una emoción perjudicial, nociva e inútil.
Se disuelve a base de comprensión y amor.
Cuando una emoción negativa se comprende, cuando se arroja luz sobre sus raíces, la energía que esta detrás disminuye y acaba desapareciendo. Cuando nos enfadamos, la respuesta saludable es descubrir qué ha provocado la rabia, rectificar la situación si es posible y deshacemos de esa emoción.

Todos estamos conectados, todos somos lo mismo, todos remamos en la misma galera.
Tras la rabia suele haber tristeza, como si la ira fuera una capa protectora para la vulnerabilidad y la desesperación.

¿Se ha dado cuenta de que la gente que está enamorada se enfada mucho menos?
Da la impresión de que están en un nivel en el que la rabia no tiene lugar.
Y tampoco cabe la tristeza. El nivel del amor es de otro tipo, y no acoge ni la rabia ni la desesperación.

Cuando nos enfadamos creamos sustancias químicas dañinas en el cuerpo, que afectan negativamente a las paredes estomacales, a la presión arterial, a los vasos sanguíneos del corazón y de la cabeza, a las glándulas endocrinas, al sistema inmunitario, etcétera. Si averiguásemos la causa de la rabia y pusiéramos remedio a la situación que la origina, las cosas nos irían mucho mejor.

Sin embargo, seguimos aferrándonos a la rabia, a pesar de sus consecuencias físicas y emocionales, somos una especie testaruda.

Los medios de comunicación nos proyectan
a personas furiosas como modelos de conducta…

Rambo siempre estaba de mal humor.
No sé si llegó a sonreír alguna vez.
Harry el Sucio, y al parecer la inmensa mayoría de policías,
soldados y demás héroes de películas, están envueltos en rabia.
Incluso el capitán Kirk de Star Trek estaba enfadado permanentemente.
Su rabia suele presentarse como algo justificado.

Alguien ha actuado mal y es lógico que estén furiosos; que maten, incluso.
Estas representaciones no nos hacen ningún favor.
La rabia debería evitarse, no fomentarse.

  • La rabia nos lleva a proyectar nuestros miedos en «el otro»
  • La rabia engendra violencia, guerras y un dolor extraordinario.
  • La rabia nos destruye, de dentro afuera y de fuera adentro también, sea mediante las secreciones químicas y hormonales de nuestro propio cuerpo o mediante la bala que dispara el enemigo.

-La comprensión y el amor disuelven la rabia-

He observado que si alguien me corta el paso cuando voy conduciendo por la ciudad, que es donde vivo, me enfado. Pero cuando estoy de vacaciones en una isla del Caribe y me hacen lo mismo, no pasa nada, mi perspectiva varia cuando estoy de vacaciones y no me tomo la mala educación tan a pecho.

Pero la rabia no es algo geográfico, el cambio se produce en mi interior.
Lo mismo podría suceder en mi ciudad.

-Deshacerse del miedo y abrir la mente-

Igual que se relaciona con los demás, se relaciona con usted mismo.
Pregúntele a su yo por qué tiene tanto miedo.
¿Por qué le da miedo asumir riesgos razonables?
¿Le da miedo su reputación, lo que piensen los demás?
Esos miedos están condicionados desde la infancia e incluso desde antes.

Hágase las siguientes preguntas:

  • ¿Qué puedo perder?
  • ¿Qué es lo peor que me puede suceder?
  • ¿Me resigno a vivir así el resto de mi vida?
  • Ante la perspectiva de la muerte, ¿es esto tan arriesgado?

Los muros que levantamos a nuestro alrededor cuando nos sentimos amenazados emocionalmente son muros de miedo. Nos da miedo que nos hagan daño, que nos rechacen, que nos hagan el vacío. Nuestra vulnerabilidad nos amenaza y nos refugiamos tras un muro para no sentir. Nuestras emociones quedan reprimidas.

A veces incluso rechazamos a la persona o a las personas que nos amenazan antes de que puedan rechazamos. Nos adelantamos. Este tipo de autoprotección se conoce como defensa contrafóbica. Por desgracia, los muros que levantamos nos hacen mas daño que cualquier persona.

Nuestros muros nos aíslan, nos cierran el corazón, nos empeoran. Cuando nos encerramos entre ellos, cuando nos separamos de nuestras emociones y nuestros sentimientos, resulta imposible llegar al origen de nuestro sufrimiento, de los miedos y las inseguridades subyacentes. No podemos comprender las verdaderas raíces de nuestros problemas. No podemos curarnos; no podemos estar completos.

-La experiencia va mas allá de las creencias-
-Enséñese a experimentar-
-Elimine sus miedos-
-Enséñese a quererse y a ayudarse mutuamente-

  • Cierre los ojos y respire hondo varias veces.
  • Deje que se derrumben los muros que le aíslan.
  • Examine sin juzgar, sin criticar, sin sentimiento de culpa, lo que subyace bajo el muro.
  • ¿Cuál es el miedo?
  • ¿De qué está protegiéndose?
  • ¿Qué puede hacer para no tener ese miedo?
  • ¿Cómo puede volver a estar completo?

Cuando haya comprendido de verdad el miedo
y sus orígenes, verá como se disuelve.
Su corazón volverá a abrirse.
Se sentirá feliz.

Hay que ir a donde el corazón nos lleve y no tener miedo, el miedo nos impide comprender y seguir nuestro destino. Aunque a veces parece que las cosas no salen bien en un nivel manifiesto, físico o en el espiritual, siempre salen bien, y en el físico también, tarde o temprano: si no es en esta vida, será en la siguiente.

Si tenemos la mente cerrada, no podemos aprender nada nuevo. Las mentes cerradas rechazan cualquier novedad, todo lo que entre en conflicto con creencias arraigadas, creencias que pueden ser falsas. Se han olvidado de que la experiencia es mas fuerte que las creencias. El miedo es la fuerza que mantiene cerradas las mentes. Solo las mentes abiertas pueden recibir y procesar nuevos conocimientos.

Narración:
…Yo había tenido la mente muy cerrada antes de mis experiencias con Carolina, dice un paciente, así que sé lo difícil que puede ser dejar que se abra a nuevas posibilidades, le he pedido a Carolina que escriba el siguiente texto para ilustrar como mi mente bloqueó una importante vía de comprensión entre nosotros.

-Las siguientes palabras son de Carolina:
…Llevábamos casados algo menos de dos años cuando llamaron por teléfono para decirnos que mi padre había muerto de un infarto repentino. Hicimos las maletas corriendo y tomamos el coche para ir desde la ciudad donde vivíamos, a la casa de mis padres a mas de trescientos kilómetros de distancia. Aunque mi padre tenia antecedentes de afecciones cardiacas, solo tenia cincuenta y tres años y su muerte fue una sorpresa para todos.

Era una persona sociable y carismática, y la casa se llenó a rebosar de amigos y gente del trabajo durante la semana del luto.

Tras el entierro, mi hermano regresó a la Facultad de Medicina y yo me quedé con mi madre durante una semana mas o menos. Mis padres tenían una casita encantadora y había dos teléfonos, uno abajo en un pasillo junto al dormitorio de mis padres, y el otro en la habitación de arriba donde dormía yo, en una mesita que estaba algo separada del pie de la cama.

Unos días después de que se fuera mi hermano, me despertó el timbre del teléfono de mi dormitorio, contesté enseguida y oí la profunda e inconfundible voz de mi padre.

-Hola, ¿como está todo el mundo? -preguntó-
-Estamos muy tristes, papá -le contesté aturdida-
porque te has muerto, pero creo que todo se arreglara.

Luego me preguntó qué había decidido hacer mi madre con la tienda..
-Mi padre tenia una tienda de desguace de metales. Mi madre estaba totalmente desvinculada del funcionamiento del negocio; la verdad es que casi nunca iba por allí, sin embargo estaba tan triste que no podía desprenderse de nada de su querido Benji y había decidido intentar sacarlo adelante.

Se lo conté a mi padre y añadí que varios de sus amigos (que tenían tiendas del mismo ramo) iban a ayudarla con sus consejos. Me pidió que le comunicara que hiciera lo que quisiera: el no necesitaba que siguiera con el negocio…

Y después añadió:
-Diles que les quiero y que estoy bien.
No volverán a saber de mi.

Colgué el teléfono con la cara llena de lagrimas estaba totalmente despierta y, aunque había sido algo muy raro, sabia que acababa de hablar con mi padre de verdad. Oír su voz me reconforto, pero me dio pena pensar que no volvería a escucharla..

A la mañana siguiente les pregunté a mi madre y a mi hermana si habían oído el teléfono, ninguna de las dos había oído nada, y me resistí a contarles mi experiencia, entonces mi madre dijo que mientras dormía había tenido la impresión de que alguien le escribía «Te quiero» en el dorso de la mano.

-Cuando salían, al cine a cenar o por ahí, mi padre muchas veces le escribía esas dos palabras a mi madre en la mano sin que nadie se diera cuenta. Ella sabia muy bien que el había ido de visita durante la noche. Entonces fue cuando les di su recado.

Regresé a mi casa unos días después y, aunque seguía dándole vueltas al recuerdo de aquella llamada, no le conté nada a mi esposo. Le repugnaba cualquier cosa que sonara mínimamente a fenómeno paranormal..

-Lo que había pasado era tan importante para mí que pensé que no podría soportar sus explicaciones racionales- ese fue el único secreto de nuestra relación.

Tuvieron que pasar varios años para que, poco después de su experiencia.. le contara lo que había vivido aquella noche. Por aquel entonces ya había reunido un montón de obras relacionadas con esos temas y, tras escucharme con atención, tomó un libro de la estantería y me enseñó el titulo:

— Llamadas telefónicas de los muertos —

Y me dijo:
En noviembre de 1992 leí que la Iglesia católica había exonerado por fin a Galileo por su «herejía execrable»: asegurar que la Tierra no era el centro del sistema solar. La investigación sobre su figura, que culminó con su exoneración, había durado doce años y medio.

Me quedé algo sorprendido, porque tenia la impresión de que ya había quedado absuelto en 1772, cuando sir Isaac Newton demostró que Galileo tenia razón.

Pues no.
Resultó que trescientos sesenta años después de su descubrimiento seguía cuestionado.
¿Cuanto tiempo tardan las mentes en abrirse?

Un amigo observó que Galileo había muerto aproximadamente un año antes de que naciera Newton. -Qué interesante -le contesté- ¿Y si Galileo se hubiera reencarnado en sir Isaac Newton para demostrar que tenia razón? habría tenido una gran motivación para hacerlo.

Mi amigo añadió:
-¿y si ahora hubiera vuelto convertido en papa para exonerarse?

Tenemos que erradicar los miedos de las mentes, la presencia del miedo es un derroche de energía. Nos reprime y nos impide hacer lo que se nos encargó cuando fuimos enviados aquí… Los problemas solo existen en la superficie, tenemos que dirigirnos al fondo de las almas, donde se crean las ideas.

Durante una pausa en un taller que organice, una mujer me pasó una nota:
-Siempre he «sabido» y «visto» que me moriría a los cuarenta y dos años; una amiga a la que se lo conté me recomendó este libro: -Muchas vidas, muchos Sabios-, porque cuanto mas me acercaba a esa edad, mas miedo tenia por mi experiencia «vívida» de esa muerte.

Mientras leía el libro iba parando de vez en cuando porque no hacia mas que visualizar ese «sueño», además de otros que también me atormentaban. Cuanto mas leía, mas respuestas descubría. Cada vez que comprendía un párrafo me sentía algo mas relajada, hasta que finalmente me di cuenta de que mis sueños atormentados eran recuerdos de vidas anteriores..

Cuando vi a mi amiga después de leer el libro, lo primero que me dijo fue que tenia el aspecto de haberme librado de una carga muy pesada. -Me quedan dos meses para cumplir los cuarenta y dos años y llevo una carga mucho menos pesada. Gracias, dijo…

-Una mujer me contó una extraordinaria experiencia cercana a la muerte que había tenido unos cuantos años antes. Algún tiempo después apareció como invitada en un programa especial de televisión sobre ese tipo de experiencias. Ella describió detalladamente su experiencia, muy personal y emotiva.

Otro de los invitados, un psiquiatra que hacia las veces de «experto» escéptico, invitado para aportar equilibrio al grupo de asistentes, le replicó en tono autoritario que su experiencia no era ni real ni valida, sino una simple reacción química del cerebro.

-Qué arrogante -le comenté furioso cuando me contó la historia-. No sabe nada sobre las ricas imágenes visuales que vio usted, nada sobre lo mucho que se emociono, nada sobre la importancia de los mensajes que recibió, y sin embargo descarta toda su experiencia calificándola de reacción química.

-No.. -me corrigió en voz baja-
Tenia miedo..
Era miedo, no arrogancia…

Estaba en lo cierto, por supuesto.
La arrogancia no es mas que otra cara del miedo.
Sin miedo no habría necesidad de arrogancia.
Para mí fue una lección importante,
y dejé que mi juicio se evaporara ante el conocimiento..

 

Artista-Tom-Barnes