Decálogo para convivir con una persona bipolar

— Decálogo para convivir con una persona bipolar —

# 1.- La persona bipolar, en la fase depresiva, debe ser tratado co­mo si padeciera una depresión. De ahí que habría que tener en cuenta estas recomendaciones para la familia de un depresivo. http://www.ceadin.org/b/como-ayudar-a-una-persona-con-depresion/

# 2.- El tema se complica cuando aparece la fase eufórica, sobre todo la primera vez, pues la familia se queda sorprendida por la actuación del hijo, esposo o mujer bipolar, y puede pensar que se deba al consumo de tóxicos o a un cambio de conducta por la -mala cabeza- del sujeto. Nada más lejos de la realidad. La enfermedad bipolar tiene un componente genético, por lo que la persona bipolar no es responsable de ese comportamiento -extravagante-.

# 3.- La culpa nunca es buena consejera, y en este caso no va a ser una excepción. Los familiares de la persona bipolar deben aceptar esta enfer­medad como producto de un conjunto de factores (genéti­cos, estresantes, personales, etc.), y no como una conse­cuencia directa de la educación y de la relación entre padres e hijos.

# 4.- La familia debe ser consciente de que el paciente bipolar puede desarrollar una actividad social, laboral y familiar con normalidad, como cualquier otra persona, con la limitación de que tiene que seguir un tratamiento y debe evitar, dentro de lo posible, los factores estresantes gratuitos y procurar llevar una vida regulada en horarios y esfuerzos. Por este motivo, es necesario procurar que la persona bipolar mantenga una jornada regular de trabajo y de diver­sión, sin exageraciones, así como evitar todo lo que supon­ga un -plus- de agobio o estrés.

# 5.- Los excesos (consumo de tóxicos o alcohol, o una vida con horarios muy irregulares, etc.) son un buen caldo de cultivo para que la enfermedad se reactive. En este sentido, es recomendable para la persona bipolar evitar las amistades -problemáticas-. La familia puede colaborar, sin agobiar, ayudando al paciente bipolar a rodearse de personas que supongan una influencia positiva y que no incurran en conductas de riesgo para el paciente.

# 6.- Es muy importante para la persona con trastorno bipolar establecer unos buenos hábitos de descanso para lograr dormir lo necesario. Si por cualquier circunstancia esto se ve afectado, es imprescindible que la persona bipolar (o la familia en su defecto) lo ponga en conocimiento del profesional de la salud que esté llevando su caso, por si fuera necesario cambiar la medicación.

# 7.- En la fase eufórica, a veces es necesario un internamiento psiquiátrico, sobre todo para evitar que el paciente realice acciones o actividades de las que después pueda arrepentir­se (comprar o vender bienes, viajar sin control, etc.), o bien para evitar que se haga daño a sí mismo o a los demás. A veces, estos internamientos deben hacerse de forma forzo­sa y sin el consentimiento de la persona bipolar, que en esos mo­mentos no tiene conciencia de su enfermedad, con el consiguiente malestar por parte de la familia por tomar una de­cisión tan drástica. Hay que pensar que esas medidas se aplican por el bien del paciente y que en esas circunstancias es la única manera que tenemos de facilitar su recuperación.

# 8.- Los familiares de las personas bipolares deben conocer la impor­tancia del tratamiento farmacológico. De ahí que han de procurar supervisar, sin agobiar, la correcta administración de la medicación y de los con­troles periódicos de analítica. No debemos atosigar al pa­ciente respecto de la necesidad de tomarse el tratamiento de forma correcta; pero esto hay que hacerlo -controlando, pe­ro sin controlar- . Como me decía en una ocasión la mujer de una persona bipolar: -nunca le digo que se tome la medicación, pero estoy muy atenta y compruebo si después de cada comida se la ha tomado-.

En los períodos intercrisis, en que la persona bipolar se comporta de forma adecuada, es decir, que no está ni deprimida ni eu­fórica, debemos insistir en la importancia de seguir el tratamiento, junto con la asistencia a la consulta de segui­miento psiquiátrico, para de esta forma contribuir a la per­manencia de la ausencia de síntomas de bipolaridad, ni depresivos ni eu­fóricos. Es frecuente que en estos períodos de normalidad la persona bipolar se -olvide- de las pastillas, con el consiguiente riesgo de la recaída.

# 9.- Suele resultar beneficioso para las personas que padecen trastorno bipolar realizar un ejercicio moderado con regularidad porque les ayuda a equilibrar su estado de ánimo. La práctica regular del deporte libera endorfinas que ejercen un efecto positivo para el estado de ánimo en general. En ello siempre puede colaborar algún miembro de la familia (hermano, pareja, etc.) o del entorno (amigo) de la persona bipolar, ya que siempre es más fácil motivarse para hacer algún deporte de manera regular si se comparte la afición con otra persona.

Asimismo, puede ser muy positivo para la persona con trastorno bipolar la realización de actividades que le ayuden a relajarse o a controlar el estrés tales como el yoga, taichí, meditación zen, etc.

En cualquier caso, sea cuál sea la actividad que se realice, siempre se debe poner en previo conocimiento del profesional sanitario, sobre todo en el caso de que el paciente esté siendo tratado con litio, para valorar su conveniencia.

# 10.- Ante la aparición de algún síntoma, ya sea depresivo o eu­fórico, la persona bipolar deberá ponerse en contacto con su terapeuta para reajustar el tratamiento si fuera preciso. En ningún caso, y en éste menos todavía, es recomendable la automedicación, debido al riesgo de pasar de una fase a otra sin solución de continuidad, con las consecuencias ne­gativas para el paciente y sus familiares.

 

Artista-Wolfgang Lettl

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra. Profesor en Centro de Humanización de la Salud.
Exprofesor de Psicopatología en la Facultad de Psicología de la
Universidad de Comillas