Duelo, pérdida y depresión

Que es el duelo…?

El duelo es un término que describe todos los sentimientos, pensamientos y conducta por los que pasa cualquier persona tras una grave pérdida.

¿ Qué entendemos por pérdida ?
Este es un término que puede ser utilizado para describir cualquier acontecimiento grave que suponga privación o cese de algo que era importante para nuestras vidas. Así pues, puede traducirse en una pérdida del trabajo o la muerte de un ser querido.

– En esta ocasión nos referiremos a la muerte de una persona querida –

Es bastante común, en personas que han sufrido una pérdida, tener síntomas que son los comunes con el diagnóstico de la depresión. Sin embargo la realidad demuestra que no es frecuente en la reacción de duelo el establecimiento de un trastorno depresivo que pueda incluso requerir tratamiento.

La muerte de un ser querido deja un vacío inmenso, a veces sientes un dolor profundo y lacerante que te quita el aliento y las ganas de vivir. Y es que enfrentar el hecho de que una persona a la que amabas no está más a tu lado es uno de los retos más difíciles ante los cuales nos pone la vida.

¿Qué es un duelo normal?
El duelo, pues, es un término utilizado para describir los síntomas típicos que la persona experimenta tras una perdida.

Esto puede incluir:

  • Incredulidad, shock, aplanamiento afectivo y sentimientos de irrealidad

  • Rabia

  • Sentimiento de culpa

  • Tristeza y ganas de llorar

  • Preocupación acerca de referencias o circunstancias sobre el difunto

  • Sueño y apetito alterados y ocasionalmente pérdida de peso

  • Ver o escuchar la voz del fallecido

  • La alteración inicial por la causa de los síntomas descritos anteriormente se reduce gradualmente y las personas empiezan a aceptar la pérdida comenzando así a dar paso a un reajuste psicológico.

Cuando ocurre la muerte de un ser querido, todos pasamos por una etapa de duelo psicológico pero cada cual la elabora a su manera. 

La primera etapa del duelo se le denomina de -Evitación- porque la persona, asumiendo un mecanismo de defensa, niega la pérdida. En esta fase nos sentimos en estado de shock y se manifiestan los sentimientos de incredulidad hacia lo acontecido. En otras palabras, nos sentimos profundamente tristes, lloramos con frecuencia pero aún no hemos concientizado la pérdida de la persona. Esta fase le permite a nuestro Yo asimilar gradualmente el golpe y puede durar lo mismo algunas horas, semanas o incluso meses.

La segunda etapa es la -fase aguda del duelo- donde ya hemos comprendido que la persona amada no estará más y comenzamos a experimentar el dolor por la separación. Entonces emerge el desinterés por las cosas que nos rodean y por el mundo en sentido general y surgen los sentimientos de angustia y de rabia. Esta fase es particularmente difícil porque estamos deshaciendo los lazos con la persona que perdimos pero a la misma vez no deseamos hacerlo por lo que experimentamos continuamente sentimientos ambivalentes. A veces nos sentimos alegres por alguna situación e inmediatamente nos recriminamos por ello.

En esta fase solemos reflexionar mucho sobre las características de nuestra relación con la persona que hemos perdido y usualmente aparecen los sentimientos recriminatorios y de culpabilidad pues pensamos que de alguna forma pudimos evitar su muerte o podíamos haber actuado de otra manera en algunos momentos de la relación. Obviamente, tener estos pensamientos no sirven de nada pero en muchas ocasiones los mismos acuden una y otra vez a la mente, siendo particularmente difícil eliminarlos.

En la última fase, -la resolución del duelo-, finalmente nos reconectamos con nuestra vida cotidiana en el sentido de que volvemos a encontrarle un sentido a las actividades que realizamos. Entonces cuando recordamos a la persona que hemos perdido no aparecen sentimientos de profunda tristeza sino de cariño y nostalgia.

Una reacción de duelo puede durar hasta incluso 12 meses,
pero puede variar en diferentes culturas.
El promedio es, probablemente, alrededor de 6 meses.

¿Qué es un duelo anormal?
Este término se emplea para describir una reacción de duelo que es de alguna forma diferente. Se utiliza normalmente cuando el duelo es muy intenso, prolongado o la reacción se ha retrasado. Este término se utiliza también para describir los síntomas experimentados fuera de un rango normal, que según los expertos serían:

  • Preocupación con sentimiento de desvalorización personal

  • Sentimientos de culpa excesivos

  • Lentitud acusada de pensamientos y movimientos

  • Un periodo prolongado de no ser capaz de realizar una actividad normal.

¿Con qué frecuencia ocurre la depresión tras una pérdida?
No hay una respuesta directa a esto. Los resultados de los estudios son variables.

Un estudio de Zisook en 1993 estudiaba la tasa de depresión en viudos ancianos. Los resultados mostraban que un 16% de ellos presentaban depresión 13 meses después de la pérdida.

Los síntomas de depresión asociados con el duelo son los mismos que los de la depresión que ocurre sin el desencadenante de la pérdida en otros momentos de la vida.

¿Quién es probable que sufra una depresión?
Es difícil predecir quien sí y quien no sufrirá de depresión después de una pérdida. Sin embargo, los factores de riesgo que se cree que aumentan la posibilidad de sufrir depresión en este caso son los siguientes:

  • Historia previa de depresión

  • Duelo intenso o síntomas depresivos tempranos en una reacción de duelo

  • Escaso soporte social

  • Experiencia escasa con la muerte.

¿Hay tratamiento para el duelo cuándo es anormal?
Sí. Como se ha descrito anteriormente, el duelo normal se debería resolver en los primeros 6 meses; sin embargo el duelo anormal necesita tratamiento, que puede ser de los siguientes tipos:

Psicoterapia del duelo:
Esto facilita el luto permitiendo que se pueda trabajar a través de los estadios del duelo con una relación de soporte psicoterapéutico, de la mano de un psicólogo.

Tratamiento farmacológico:
Si por fin se establece claramente el diagnóstico de depresión será entonces preciso el uso de fármacos antidepresivos.

Dr. P. J. Marshall, especialista en Psiquiatría
Actualizado: 28-02-2017
Revisado por: Dr. Vicente Tort Herrando, especialista en Psiquiatría

Artista-Cassandra Barney