Demi Moore

Demi Moore ha vivido una mala racha en los últimos meses:
después de su divorcio, de haber pasado por una rehabilitación
y sus hijas la rechazan.
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La Organización Mundial de la Salud ha prendido sus alarmas: en pocos años la depresión será la segunda causa de incapacidad, superando los accidentes de tránsito, y se tornará más destructiva que las enfermedades pulmonares y afecciones cerebro-vasculares.

Esta especie de epidemia será la responsable de un gran número de graves problemas de salud. La entidad habló sobre la urgencia de tomar medidas para mitigar el impacto, especialmente por el estigma social que acompaña este mal. El tema es el pan de cada día en las publicaciones científicas, pero desde hace algún tiempo se ha puesto de moda en la prensa del corazón por cuenta de las celebridades que la padecen. Los paparazzi suelen perseguir las desgracias de los famosos, que la viven de peor manera: expuestos frente al público.

Como lo señala la sicoanalista Geraldine Scioville, “las personas pierden el interés en sus actividades, no disfrutan de la vida, se sienten fatigadas, pierden la confianza en sí mismas, se ven inferiores, sienten culpa, tienen pensamientos acerca de su propia muerte, pierden la concentración y se alteran su sueño y apetito.

A las celebridades, además de este intenso sufrimiento emocional, se les suma la exposición pública de sus sentimientos, lo cual se convierte en un factor que recrudece un dolor de por sí difícil de sobrellevar. Entonces, su enfermedad puede agravarse debido a la presión que ejercen los medios”.

El caso más sonado en los últimos meses ha sido el de la actriz Demi Moore, quien desde que se separó de Ashton Kutcher, en noviembre del año pasado, ha tenido un sinfín de tropiezos. Para ella ha sido difícil superar que el actor, quince años menor que ella, le fuera infiel, a causa de lo cual, en su sexto aniversario, decidió terminar la relación.

– Vinieron entonces los problemas de anorexia y las crisis –

A principios de este año, fue hospitalizada de urgencia tras una llamada al 911 que alertaba acerca de que Moore había aspirado una sustancia -parecida al incienso-. Resultó que en realidad había inhalado óxido nitroso de un tanque de gas, en una fiesta de jóvenes.

Debido a sus constantes ataques de nervios y a su extrema delgadez, fue internada en un centro de rehabilitación en UTA para tratar sus desórdenes alimenticios y su adicción a los medicamentos. Para colmo de males se distanció de sus hijas Rumer, de 23 años, Scout, de 21, y Tallulah, de 18, producto de su matrimonio con Bruce Willis, y aunque han tratado de ayudar a su madre a salir de su depresión, están cansadas de su acoso y sus constantes cambios de ánimo. La situación habría llegado a tal punto, que según algunos medios las tres habrían contemplado la posibilidad de instaurar una orden de restricción contra su propia madre, no solo para alejarse de ella, sino también para alejarla de sus amigos.

La profundidad de su tristeza se hizo evidente cuando la actriz, que este año llega a los 50, hablando de su separación confesó: “Lo que más me asusta es llegar al final de mi vida y darme cuenta de que no soy una persona digna de ser amada. Que hay algo de fondo que está mal en mí… Mi lucha contra la gravedad es encontrar ese amor propio que me dé el coraje de alcanzar mi máximo potencial”.

– Cuando la depresión aprieta-
Scioville explica que cuando se tiene una depresión,
las personas se sienten vacías interiormente.
Dicen cosas como: -lo he perdido todo-
-no valgo nada- ¿para qué vivo?

Esta puede desencadenarse por varios tipos de pérdidas: personas que se aman, seguridades materiales, padecer enfermedades, entre otras pérdidas que vulneran el mundo interno de las personas, la historia de sus vínculos (padres, parejas) y la manera como han construido su autoestima. Lo grave tiene lugar cuando las personas no logran sentirse suficientemente seguras consigo mismas y dependen entonces casi exclusivamente de seguridades externas: la presencia del otro, la manera como los demás las miran, el amor que les manifiesten, la aprobación permanente a lo que hacen”.

Y es que la historia de Demetria Gene Guynes, nombre de pila de Demi Moore, ha estado marcada por las pérdidas y las dificultades. Sus padres se separaron antes de que ella naciera, el 11 de noviembre de 1962.

La joven decidió darle un vuelco a su vida y perseguir una carrera como modelo. Quizá desde entonces viene su relación conflictiva con su físico y su cuerpo, que ella misma define como -de amor y de odio-. Luego vino la fama en papeles como el de la taquillera Ghost, su matrimonio con Willis, su posicionamiento como una de las mujeres más bellas de Hollywood, y más tarde sus descalabros actorales, que la hicieron merecedora tres veces de los premios Razzie a lo peor del cine.

– Una afección que crece –

Pero Demi no es la única víctima famosa de la depresión. En la lista es célebre el caso de Britney Spears, quien en 2007 habría sufrido depresión posparto, al igual que Brooke Shields. La llamada Princesa del Pop llegó a afeitarse la cabeza, a tener problemas de drogas y perdió temporalmente la custodia de sus hijos. Otra trágica prueba de que no todo es fiesta y glamur en Hollywood es el fallecimiento de Heath Ledger, quien murió por una sobredosis de los medicamentos prescritos para controlar su ansiedad y episodios depresivos. Y pese a hacer reír al público, los actores cómicos Jim Carrey y Owen Wilson han confesado vivir una pesadilla por cuenta de la depresión. Este último incluso intentó suicidarse.

Para muchos, Demi Moore se presionó a sí misma, llevó al límite su cuerpo por la inseguridad que le producía estar con un hombre menor y el temor a perderlo, y más en un medio tan difícil como el mundo del espectáculo, que todo lo ve y lo señala. Quizá su verdadera recuperación comienza ahora, después de haber salido de la rehabilitación, pues las cosas parecen mejorar en lo profesional gracias a su papel en la comedia Very Good Girls, que se filma en la actualidad.

fuente:
FUCSIA.co

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