El miedo de perderme a mí mismo

Cuando se tiene alguna fractura,
los demás ayudan con las puertas, ceden sus asientos en el
transporte público y evitan que se realice alguna actividad que pueda
afectar al sujeto en cuestión, pero,

¿ Que hay de los padecimientos que -no- resultan notorios físicamente…?

Las personas con padecimientos neurológicos, psiquiátricos o incluso psicológicos viven bajo un estigma social. Para gran parte de la población este tipo de enfermedades no existen, y es que posiblemente suene algo ridículo llamar al trabajo y decir:

-No me siento con energía para dejar la habitación- o
-No puedo disimular mi estado de ánimo-

ENFER-MENTALES-EL MIEDO A PERDERME A MI MISMO TRAB

La vida diaria se vuelve complicada… la integración social se vuelve difícil… el simple hecho de descifrar lo que se siente se vuelve aún más complicado… e incluso se llega a perder la noción de la realidad. Se gasta demasiada energía intentando fingir que se está bien, se pierde el gusto por las cosas que antes provocaban placer o el deseo de hablar con los seres queridos.

– Perderse a sí mismo –

Narrativa:     Tengo una amiga llamada Ofelia,
que vive en una esquina de la colonia el Mante,
tiene cuarenta y tres años y es de Culiacán.
No está muy segura de cómo llegó a Guadalajara pero tenía dos teorías.

La primera:  – fueron los vampiros –

Los mismos que no la dejan dormir
en la noche y a veces la insultan y roban sus cosas.
Siempre la están molestando.

La segunda: – en una nave espacial –

A veces pasa por ella y se la lleva a dar vueltas.
Ella se divierte.
El único problema es que nunca la dejan en el mismo lugar.

Ofelia constantemente expresaba que no le gustaría habitar una casa porque se siente encerrada en esos lugares y eso le desespera; prefiere vivir en la banqueta. Así puede tomar el sol y no le da frío y si sí le da, pues se tapa y ya. Tampoco le gusta que le den ropa nueva, dice que parece hombre y hace que la ropa bonita se vea fea, además de que su ajuar está todavía bueno.

Por mucho tiempo fui todas las tardes a platicar un rato con mi buena amiga. En repetidas ocasiones cometí el error de llevarle ropa nueva, constantemente le compartía de comer e incluso puedo decir que juntos dejamos de fumar.

No era fácil ser amiga de Ofelia, ya que en ocasiones se molestaba mucho y empezaba a maldecir y arrojar piedras; aunque conmigo siempre fue muy respetuosa y prefería ignorarme cuando estaba molesta. En el fondo sabía que esta nueva amistad se basaba en mi miedo por terminar como ella..!

– – –

-Perderse a sí mismo-

      Narrativa: -Fui diagnosticado con epilepsia parcial del lóbulo frontal-

Esto después de vagar por una larga lista de terapeutas, psicólogos y psiquiatras.
El diagnóstico cambiaba cada que la crisis se hacía más fuerte: de niño mimado escalamos a depresivo; pasando por TOC (trastorno obsesivo-compulsivo), borderline y hasta bipolar.

Y es que en una epilepsia parcial dependiendo de la zona que afecte la crisis es la manifestación que tendrá. Suena lógico ¿no? La parte de tu cerebro que se descompone detiene las funciones que le corresponden, ocasionando así alucinaciones, cambios de humor, depresión, debilidad muscular, dificultad en el habla e incluso pausas en el sistema operativo; sí, literal como sí me pusieran pausa en el control remoto por un par de segundos.

– – –

María Elena Medina Mora, entonces directora del Instituto Nacional de Psiquiatría, Ramón de la Fuente, declaró en 2013 que uno de cada tres mexicanos sufriría algún padecimiento mental en el transcurso de su vida, siendo la depresión y ansiedad las más comunes entre los pacientes.

Hizo particular énfasis en el incremento de enfermedades de este tipo en niños y adolescentes. Es difícil creer que, en contraste con estas cifras, el laboratorio Eli Lilly (encargado de brindar Prozac a los mexicanos desde hace más de veinte años) anunciaba que la estadística dictaba que sólo existían 2.7 especialistas en la materia por cada 100 mil habitantes.

Eso quiere decir que esos dos médicos y fracción -deben- atender a 30 mil personas enfermas.  Redondeando cifras y para sonar aún más alarmantes: 10 mil pacientes por profesional de la salud.

En una ocasión leí sobre un paciente de El Zapote, conocido hospital psiquiátrico de Jalisco, que había matado a golpes a un compañero de cuarto.

¿ Un esquizofrénico en la misma habitación que un maniaco-depresivo ?
¿ De verdad ?
¿ Sólo yo veo el error ?

Cada diagnostico me hacía recordar todos esos puntos:
El rezago social, la pésima atención en el sector público a estos padecimientos.
Y lo peor de todo: el miedo a perderme a mí mismo..!

Mi abuela murió diagnosticada con bipolaridad familiar y un poco de esquizofrenia, para el final de sus días se complicaba bastante el convivir con ella. Nunca sabíamos cómo iba amanecer o cómo iba a evolucionar durante el día.

En ocasiones se comportaba agresiva y decía cosas bastante hirientes y al final de esa misma jornada, la depresión se apoderaba de ella y cambiaba incluso la mirada y expresión de su rostro. A pesar de eso siempre, antes de dormir, nos recordaba su amor por nosotros e incluso pedía disculpas por lo que pudo haber desatado con sus actitudes y comentarios.

¿Es eso lo que me depara?

wolfgang lettl 13Uno de cada tres mexicanos,
y la mayoría de los casos son enfermedades congénitas.

Sí, puede resultar un dato alarmante; pero al mismo tiempo es un consuelo. Lo más difícil de estas enfermedades es la vergüenza que conlleva, el miedo a ser juzgado y apartado. Lo peligroso aquí es que al ser una -enfermedad invisible- podemos llegar a creer que el mantenerla en secreto es la mejor opción.

– No lo es –

El callar un padecimiento mental no sólo afecta a la persona que lo padece y a los que lo rodean, afecta a otras personas que no encuentran consuelo al sufrir en silencio.

El callar favorece a que el sector de la salud siga ignorando las necesidades de este tipo de pacientes, el callar favorece a que la sociedad prefiera negar la existencia de dichos males, juzgando y rezagando a quienes los padecen.

Es difícil, pero no imposible.
Se aprende a vivir con ello,
a usarlo en favor e incluso verlo como un aliado.

Y es que en momentos de crisis es cuando emerge lo mejor de nosotros,
la debilidad obliga a ser fuerte y cuando se ha tocado fondo
no hay otra opción que subir una vez más.

Se pueden canalizar los sentimientos y sensaciones por medio de actividades artísticas y físicas, rodearse de seres queridos, adentrarse en la naturaleza. Ayudar a otros puede resultar también bastante terapéutico, pero sobre todo llevar un tratamiento y acudir con un profesional.

– Y por más difícil que parezca la crisis, puede ser y será superada –

Artista-Wolfgang Lettl

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