La Alegría

La alegría es la energía expansiva del bienestar dinámico.
Eleva, vigoriza, hace brillar los ojos,
armoniza nuestros pasos e ilumina todo nuestro ser.

La alegría es generosa, relajada y abierta por naturaleza.

Llega cuando nuestra energía emocional fluye libre en una dinámica de respuestas adecuadas a nuestras experiencias. Todos experimentamos el agrado natural que se produce al correr, danzar o cualquier otra actividad física, cuando llegamos al punto en que el cuerpo se mueve en forma íntegra y natural, sin esfuerzo, como el de un animal, en sincronía.

Esta alegría sobreviene, por cierto, sólo cuando las otras emociones,
es decir, el miedo, la ira y la tristeza, alcanzan fluidez.

Por lo general, creemos saber qué es la alegría, pero en realidad no lo sabemos.
A veces la confundimos con una -Felicidad- socialmente aprobada, que nos pone cara de estar perpetuamente contentos en todo lo que hacemos.

Tal felicidad es transitoria e ilusoria,
basta rasgar la superficie para encontrar el exacto opuesto.

Recuerdo una vez un almuerzo con un joven muy intuitivo, de Chicago, y una amiga mía:
— Trago tras trago, cigarrillo tras cigarrillo, ella no paraba de hablar de todas las cosas maravillosas que hacía, de lo perfecto que era su marido y de lo bien que se llevaban —

Luego de escuchar todo, este sorprendente joven se inclinó hacia ella y le dijo con suavidad:—
Dime, querida, ¿te sientes desdichada? —

Recuerdo la expresión de su rostro con toda nitidez: una dura verdad la había abofeteado…
—Desdichada.. -susurró, mirándolo a él y luego a mí, como atontada.
El cuerpo pareció hundírsele en el asiento-.
—Sí, soy desdichada. No lo puedo creer. Soy muy desdichada…
y comenzó a reír y a llorar-.
—Qué sencillo, ¿cómo pude no darme cuenta de que soy desdichada?
-se preguntaba a sí misma-.

Aunque se lo había negado a sí misma y lo ocultaba de los demás, en realidad se sentía muy infeliz. Tal vez todos lo intuíamos, pero no nos atrevíamos a pensarlo ni a decirlo. Estaba casada con un hombre verdaderamente maravilloso y la relación tendría que haber sido de lo mejor, pero no lo era..

La mayoría de las personas simulan ser felices,
porque eso es lo que se supone deben ser; es el estado aceptable.
Pero el verdadero contento es inusual.
Sé que en los años en que negaba mi miedo, mi ira y mi tristeza,
que es lo que casi todos hacemos, no era feliz.

La gente a mi alrededor pensaba que lo era porque me mostraba divertida y graciosa. Mi gracia era una forma desaprobadora de enmascarar el dolor. Yo vivía en la búsqueda constante de algo o alguien que llenara el agujero negro que sentía por dentro.

— La alegría no llega mediante remiendos —

Cuando la alegría se presenta, deberíamos celebrarla, aunque a muchos nos avergüenzan las explosiones espontáneas de júbilo. No es que pensemos que esté mal sentirse alegre, sino que tenemos la idea que no es elegante ni fino sentirse demasiado alegre o mostrarse abiertamente emotivo.

Con frecuencia nos sentimos tan
turbados por tener corazón como por tener cuerpo.

Mis primeras experiencias de alegría pura e ilimitada las tuve por azar, sin proponérmelo. Fueron el nacimiento de mi hijo y el éxtasis natural de amamantarlo. El nacimiento y el cuidado de un hijo son ejemplos excelentes de ese ritmo puro de dar y recibir, de estar por entero en el presente, sentir que todo está bien es la esencia de la alegría. Si conversamos de esto con madres, en especial primerizas, veremos ese brillo de reconocimiento inmediato.

La alegría es para nosotros tan esencial como las demás emociones. Es curativa, restauradora y nos anima a ser aquello para lo cual fuimos hechos. En tiempos recientes se ha hablado mucho, en especial Norman Cousins y otros, acerca de:

— El poder sanador del humor —

El humor es una forma vital de aliviamos de presiones y expectativas, de poner las cosas en su lugar y en su justa medida, y de procuramos el placer de vivir el ahora. El humor nos trae el mensaje de la arbitrariedad, la precariedad y el absurdo de la vida, pese a lo cual aquí estamos, capaces de vivir y de ser. Hay algo de sagrado en reír cuando se improvisan las cosas y salen bien.

Un amigo a veces sabio me confesó una vez que no confiaba en la verdad de ninguna religión ni en ningún maestro religioso que no tuviera sentido del humor.

La razón es simple: el humor nos permite ver las cosas con franqueza, reconocer lo poco que sabemos, lo falibles que somos y qué lejos estamos de la perfección o acabado. Por un instante, el humor nos permite darmos cuenta de esto, así como nos libera de las ataduras solemnes. Esta libertad de apegos, esta carencia de ansias y de nostalgias, constituye la verdadera alegría.

Sólo en mi vida más reciente he llegado a ser más feliz día tras día.
Porque no me asustan mi miedo, ira, tristeza o apegos, mis expectativas fijas son menos.
Cada vez me dejo ir más en armonía con la energía a medida que surge.
La alegría es cada vez menos un ímpetu momentáneo y cada vez más una corriente
subterránea, una música de fondo que acompaña mis días.

Es de esta satisfacción dinámica de donde puede emanar mi enseñanza, de dar
energéticamente a las personas lo que necesitan en el momento.

Cuando uno siente gozo, puede ser espontáneo, y no estar siempre huyendo de algún dolor temido, queriendo estar en otro lado, en un estado alterado, en un remoto pasado o en un futuro todavía inexistente.

Gabrielle Roth
El poder de amar

Artista-Tom-Barnes