AYÚDEME Dr: -Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo


Ayúdeme doctor…

Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo..!

La gente sufre, no se trata solo
de que sienta dolor físico; el sufrimiento es mucho más que eso.

Los seres humanos tienen que habérselas también con el dolor psíquico que experimentan: con sus emociones y pensamientos negativos, con los recuerdos desagradables, los impulsos y sensaciones negativas.

Tienen todo eso en la cabeza,
se preocupan por todo eso.. lo lamentan y lo temen..

Al mismo tiempo, los seres humanos demuestran un enorme valor, una profunda compasión y una notable capacidad para salir adelante, incluso con la más complicada de las historias personales.

1.- Aún a sabiendas de que pueden salir heridos,
los seres humanos son capaces de amar a otras personas.

2.- Aun sabiendo que han de morirse,
los seres humanos se preocupan por el presente y por el futuro.

3.- Aun enfrentándose al sinsentido,
los seres humanos son capaces de abrazar ideales.

4.- A veces, da la sensación de que los humanos
son capaces de estar totalmente vivos, presentes y comprometidos.

Estás sufriendo y no sabes muy bien qué hacer al respecto.?

Pero entonces…
¿Es que el enemigo puede estar en la mente?
Los enemigos ¿no son algo de la vida?

A veces se oye la expresión, -Hay mucho hijo de puta por ahí  suelto-
Pero entonces…
¿puede ser que uno de ellos se haya colado en mi mente?
Es más…
¿puede ser que en mi Yo, haya agazapado un hijo de puta cuya misión sea amargarme la vida?

—Nuestra mente (por su propia forma de funcionar) nos gasta a veces malas pasadas. Es decir que nuestra mente a veces nos cuenta cosas que no nos ayudan en nada. Así que según esta forma de ver las cosas es posible que todos tengamos un enemigo interior.

Puede que hayas estado en una y otra terapia, intentando que hacer con el control de tu torbellino interno. O tal vez seas uno de esos millones que se sienten bloqueados –no vitales y no comprometidos con la vida sino distantes, apagados, embotados o sobrepasados–.

Si ya llevas un tiempo luchando, probablemente te habrás atormentado a ti mismo con diferentes formas de: -¿por qué- ¿por qué no puedo superarlo?, ¿por qué no puedo sentirme mejor?, ¿por qué es tan difícil vivir?, ¿por qué no ha funcionado la terapia conmigo?, ¿por qué no puedo ser una persona normal?, ¿por qué no puedo ser feliz?.

Es probable que te sientas un poco víctima con preguntas que no parecen tener respuestas adecuadas. Arrinconado por tu dolor emocional y tu lucha contra él, puede que sientas que tu vida se va estrechando cada vez más a tu alrededor.

Si has estado empeñado en una guerra semejante dentro de tu cabeza, ¿qué te parecería si en lugar de empeñarte en ganarla, encontraras el modo de salir de ella?

A menudo, la mayoría de la gente que nos cruzamos a diario parece tenerlo todo. Parecen felices; se les ve satisfechos con su vida. Seguramente has tenido la experiencia de ir caminando por la calle en un momento en el que tenías un día especialmente malo mientras ibas mirando a tu alrededor y ¿Por qué no puedo ser tan feliz como el resto de la gente?

Ellos no se sienten como si una nube oscura estuviera siempre al acecho, amenazadora, sobre sus cabezas. No sufren como sufro yo.
¿Por qué no puedo ser como los demás?

Aquí está el secreto.
Ellos lo sienten y tú lo sientes,
todo el mundo sufre dolor, todos los seres humanos.

Si uno vive lo suficiente, ya habrá experimentado o experimentara, más adelante, la desgracia de la pérdida de alguien a quien se ama. Cada persona concreta ha experimentado o experimentará dolor físico.
Todo el mundo ha sentido tristeza, vergüenza, ansiedad, miedo y pérdidas. Todos tenemos recuerdos que nos resultan embarazosos, humillantes o vergonzosos.

Todos llevamos ocultos, en el interior, secretos dolorosos. Nos esforzamos en mostrar caras radiantes, felices, simulando que todo va bien y que nuestra vida es inmejorable. Pero no es así y no puede ser asi. El hecho de ser humano, implica sentir dolor de un modo mucho más penetrante que lo que puedan experimentar cualesquiera otras criaturas de la tierra.

No hay duda de que una persona con un trastorno de pánico no querría volver a experimentar ese sentimiento de miedo extremo, porque es algo tremendamente desagradable. Pero de ese malestar, forma parte también el hecho mismo de que el pánico nos está obstruyendo el camino del vivir mismo.

¿Y por qué sufrimos de este modo?
Este tipo de preguntas han
confundido a la humanidad durante millones de años.

Una forma de llegar al núcleo de ese problema es que te imagines en qué cambiaría tu vida si el miedo desapareciera. Imagina que alguien te ha tocado con su varita mágica y tu miedo se ha esfumado. Imagina que despiertas una mañana y de pronto sin ninguna razón, la depresión crónica que has estado padeciendo durante todos estos años (o puede que la ansiedad, o la preocupación, o cualquier conflicto emocional que experimentes) ha desaparecido.

La nube se ha despejado y el dolor se ha terminado. ¿Qué harías? No se trata de una pregunta retórica; tómatela literalmente: ¿Qué harías? ¿Cómo querrías que fuera tu vida? ¿Cómo quisieras ser..?

Desgraciadamente, estos procesos no resultan fáciles de controlar porque están ligados muy estrechamente al uso normal que hacemos del lenguaje. La gente tiende a -vivir en su mente-, es decir, a relacionarse con el mundo en función de estos procesos verbales.

Te han enseñado, que deberías ser
capaz de controlar tus pensamientos y sentimientos.

Mientras ibas creciendo, recibías un flujo continuo de mensajes acerca de que la buena salud y la felicidad dependen de que no se experimenten vivencias negativas, muchos de unos anuncios transmitían el mensaje de: -La felicidad consiste en la ausencia total de pensamientos o sentimientos dolorosos-, y si compras este producto, te sentirás mejor y estarás mucho más cerca de la felicidad.

Entonces, ¿qué se supone que hay que hacer?

Primero, date un respiro. Dadas todas las razones discutidas anteriormente, no es de extrañar que te hayas centrado en estrategias de evitación. Has hecho, exactamente, lo que toda la gente lógica y razonable te ha enseñado a hacer: -Centrarse en uno mismo-.

En situaciones normales de resolución de problemas, cuando algo no nos agrada, nos imaginamos la manera en que podemos librarnos de ello y a continuación, emprendemos las acciones precisas para hacerlo. Si no nos gusta ver suciedad en el suelo, echamos mano de la aspiradora; si no nos gustan las goteras del tejado, lo arreglamos.

Imagina por un momento la siguiente situación.

-Por una tontería,
o porque no tenías un buen día, has tenido un malentendido con tu pareja-
(si no tienes pareja, piensa en una persona muy cercana a ti).

Fruto del mismo y en un momento, se  han cruzado frases hirientes o con mala fé. Pero como cada uno tenía cosas que hacer, se han separado dejando sin resolver el conflicto.

No te gusta estar así con esa persona, y al rato más tranquilo o tranquila, te das cuenta que no merece la pena, y que el bienestar que tienen conviviendo (o queriéndose), se puede ir al garete en lo que queda del día.

Así que decides mandarle un mensaje,
una palabra de aliento, o una señal de humo virtual.

Escribes en el móvil:
-Lo siento… perdóname.
Le das a enviar, y te quedas mirando el móvil..
Sabes que no tiene porque verlo enseguida pero te quedas, con ansiedad, con el teléfono en la mano, treinta segundos y nada, un minuto y nada, dos minutos..

Tu mente comienza a imaginar, para explicar la no respuesta..
5 minutos.. (ahí aparece ese que no eres tu)
Te imaginas a la otra persona leyendo el mensaje con cara
de enojo, dejando el móvil con un gesto de desprecio o rabia.

Te vas poniendo tenso o tensa..

Tu mente  empieza a hablarte… ¿cómo es posible.?
Encima que quien lo ha hecho mal ha sido él (o ella),
y soy yo el primero o la primera que da el paso para..

¡Cómo se atreve a no aceptar mis disculpas..?

Inexplicablemente vas abandonando la bondad,
para entrar otra vez en territorio de guerra.

Empiezas a desempolvar los cuchillos y pistolas de afrentas pasadas.
Incluso encuentras una de hace 8 años, que creías olvidada.

10 minutos.. y a veces te dices… no lo habrá leído… pero no puedes quitarte de la cabeza, de que si rechaza tus disculpas vas a tener bronca (no debías estar tan arrepentido o arrepentida).
Y eso te provoca ansiedad, tristeza y rabia.
Todo a la vez.

Al cuarto de hora, y cuando estás metido
en otras cosas pero inquieto o inquieta, suena el teléfono.

Ves en pantalla que es él o ella.
Resoplas expectante, y contestas con un -Dime..-
(que intentas que sea neutro, pero es tenso).

Sin embargo, sorprendentemente, te basta oír el tono
de su voz durante un segundo, para saber que no hay problema.
No le ha dado más importancia a lo sucedido, y no está enfadado o enfadada.
Al contrario, su tono y sus palabras dejan claro el afecto que te tiene.
Respiras aliviado o aliviada.
Guardas rápidamente y sin que se entere, los cuchillos y pistolas, y le expresas también tu afecto.

Esta situación, creo que absolutamente cotidiana y normal en la convivencia humana, demuestra como a veces -vida y mente- siguen trayectorias diferentes.

Durante 15 minutos la realidad era, que la otra persona estaba tranquilamente en sus cosas y simplemente no ha oído la entrada del mensaje. Sin embargo durante esos mismos 15 minutos tu mente ha creado -otra realidad- que a su vez ha generado ansiedad, tristeza y rabia.

Durante un cuarto de hora no has vivido la vida.
Has sido secuestrado por tu mente,
que te ha hecho creer que ella era la vida.

Finalmente la vida ha vuelto y te ha liberado.

¿Te has parado a pensar alguna vez, en lo dominantes
que llegan a ser los pensamientos?

El problema aparece cuando solo podemos mirar
-desde nuestros pensamientos- en vez de -a nuestros pensamientos-

A veces, uno ni siquiera es consciente del proceso.
Si queremos hacer algo diferente con nuestro pensamiento, primero tenemos que -atrapar el proceso-.

Observa cómo funcionan las evaluaciones.
Imagina que tienes el pensamiento repetitivo de:
-soy una basura-
No hay un criterio evidente operativo,
que pueda probar ese pensamiento.

Para desafiar tales evaluaciones realizadas internamente es necesario hacer que nuestra mente, esté más activa y más evaluativa. Intenta concentrarte profundamente en esta otra idea y observa si tu mente no se vuelve más activa –y más evaluativa–:
-Soy perfecto-
Tómate un instante e intenta pensar muy seriamente en tal afirmación.

¿Qué es lo que ocurre?
¿Se abrieron los cielos y la paz comenzó a reinar, ahora que ya eres perfecto?
No es muy probable. Para la mayoría, un pensamiento de esa clase se diluye rápidamente en un cúmulo de contra-argumentaciones (p. ej.: -no, no lo soy- o bien: -pero tengo un montón de fallas-).

En el interior de tu pensamiento,
puedes escalar hasta lo más alto de la mente y quedarte a vivir allí para siempre.

¿Puedes ver todo lo que has invertido en tus etiquetas, historias y razones?
Incluso aunque odies la etiqueta.

Si tú sufres ansiedad, depresión o estrés, tu identificación con tales desórdenes forma parte casi seguro, de tu yo-concepto. Tus problemas emocionales han acabado por formar parte de la historia que te has estado contando sobre tu vida.

-Ser el yo observador-
-Entrar en contacto con el yo observador es una cuestión de experiencia-

-Ser consciente es difícil;
no porque sea duro, sino porque resulta esquivo.
-Estamos enganchados continuamente
en nuestras predicciones y evaluaciones verbales.

-Lo que es más: la vida es compleja.

La vida te está planteando una pregunta,
te la formula en voz baja, casi
inaudible y por eso, a menudo es difícil de entender.

No es de extrañar que no la hayas contestado con un -sí-
pero, desgraciadamente, no contestarla es responder un -no-

¿De quién es la vida al fin y al cabo.?

La vida es dura. Pero también otras muchas cosas. En definitiva, tu vida es lo que tú decides hacer. Cuando la máquina de las palabras toma el control, la vida sigue una dirección. Cuando la parte de las evaluaciones verbales, no es más que una fuente de información, la vida funciona de otra manera. Las decisiones no son siempre fáciles, pero encontrar -la libertad de elegir- es una experiencia liberadora.

Es tu vida..   -NO- la de la máquina de las palabras..
(aunque ella te esté diciendo lo contrario).

 

Artista-claudiatremblay