Desventajas de la conducta suicida para quien lo intenta y su familia


TEMAS DE SUICIDIO

Algunas personas piensan que el suicidio
tiene la ventaja de impedir el sufrimiento, eso es cierto,
pero esa supuesta ventaja es en realidad una gran desventaja

¿Por qué?

1. Porque se pretende dar una solución definitiva en contra de la propia persona a sufrimientos y situaciones que son temporales. Uno puede sentirse mal durante un mes, tres meses, un año, cinco años, pero no va a sentirse mal los setenta y cinco años que como promedio se vive en el país.

2. En ese instante predomina la parte más egoísta y menos inteligente de la persona, pues sólo piensa en sus sufrimientos, en sus malestares y no en el sufrimiento que le ocasionará a sus seres queridos.

3. Es incapaz en esos momentos de amar a otros, pues para querer a los demás lo primero es quererse sanamente uno mismo. ¿Puede un padre o una madre querer a sus hijos si los va a dejar huérfanos? ¿Puede el esposo querer a su esposa si la va a dejar viuda? Reflexione en torno a esto.

4. Dice un refrán muy conocido:
-De tal palo tal astilla-.
Y otro no menos conocido:
-Hijo de gato caza ratón-.

Y dice otro:
-A buen entendedor, pocas palabras-.

Si la persona no desea que sus seres queridos aprendan a
suicidarse, no se lo debe enseñar.

Así como se aprenden cosas buenas, también se pueden aprender cosas malas, y es conocida la influencia en la conducta suicida de los hijos con antecedente de padres o madres suicidas o sobrevivientes de una tentativa de suicidio. Esto en los progenitores, coloca automáticamente en peligro a la descendencia. Como usted puede observar, quien intenta el suicidio por tener un problema, tendrá dos: el que tenía y desde ese momento, los familiares en riesgo.

Además de estas desventajas, hay otras que también son importantes,
pasemos a su análisis:

Cuando alguien atenta contra su vida, empieza a contribuir a la formación de su imagen de persona trastornada mentalmente entre los vecinos, no expertos en cuestiones de psiquiatría; los compañeros de estudio o trabajo, que tampoco lo son, y ellos pueden utilizar diversas expresiones humorísticas para referirse al suicida como son -tiene guayabitos en la azotea-, -tiene un cable a tierra-, -le falta un tornillo-, -tiene las tuercas flojas- y otras no menos ingeniosas, y no lo considero una falta de sensibilidad humana, sino más bien una característica cultural.

Quien atenta contra su vida es poco probable que pueda formar una pareja estable con una persona normal, pues las normales no tienen afinidad con él, porque no les proporciona seguridad.

Si quien atenta contra su vida tiene esposa o novia, ésta puede continuar la relación porque teme que se realice el acto suicida si la termina; puede continuar porque le tiene lástima o compasión, pero muy difícilmente por amor, ya que ha sido puesto en peligro de acabar por el suicidio. A veces no es fácil determinar cuáles son las verdaderas motivaciones para continuarla.

Otro inconveniente, a partir de ese momento el suicida deja de ser tratado como lo era antes, aparece la desconfianza y el miedo. Y le estarán supervisando sus actos, le situarán un acompañante forzoso para controlar lo que hace, cuándo lo hace, para qué lo hace, dónde lo va a hacer, en fin le espiarán cada uno de sus actos pues la familia teme otra tentativa de autoeliminación.

Y estas actitudes de desconfianza y temor no son más que la natural reacción de los seres queridos ante el intento suicida y será la propia persona cuando muestre un comportamiento diferente, estable y controlado quien les devolverá la confianza perdida. Eso lleva tiempo, a veces años con el lógico malestar ocasionado a quien recibe la observación y a quien la hace.

Esto que ocurre con los familiares, también puede suceder con otras personas, como son los compañeros de estudio o de trabajo, quienes asumirán un comportamiento similar.

Es importante insistir en que todo suicida que tenga hijos, como ya se anotó, los pone en riesgo de que hagan lo mismo, de que lo imiten. Y es muy común que los progenitores que han tenido dicha conducta se defiendan tratando de no asumir su responsabilidad con expresiones como las siguientes:

• -Ellos están pequeños-.
Argumento no convincente, pues lo que los pone en riesgo, no es el tamaño ni la edad que tengan, sino el ser hijos de la persona en cuestión.

• -Ellos no estaban allí, cuando el intento de suicidio-.
Tampoco este argumento convence, pues aunque no estuvieran allí son hijos de la persona que atentó contra su vida y es eso lo que constituye el riesgo y no el lugar donde se encontraban.

• -Ellos no lo saben-.
Lo sepan o lo desconozcan, los pone en riesgo ser hijos del suicida, no el conocimiento del hecho.

• -Ellos son adultos y saben lo que hacen-.
Argumento poco sólido, pues quien atentó contra su vida, sea el padre o la madre, siempre será más adulto que su hijo y sin embargo lo hizo. Es prudente recordar que los hijos, aunque sean adultos e incluso ancianos, continúan siéndolo. Nunca dejan de serlo.

• -No lo van a hacer, se lo aseguro yo-.
Otro argumento fútil. Esa persona no quiere saber lo que no le conviene, pues hay miles de investigaciones científicas serias cuyas conclusiones son que las probabilidades de realizar un acto suicida se incrementan con creces en la descendencia. Está demostrado que los hijos de estas personas se suicidan o lo intentan con más frecuencia que los hijos de quienes no han tenido este tipo de conducta.

Como el lector habrá podido notar, el intento de suicidio y el suicidio
sólo tienen desventajas para el que lo realiza y sus familiares,
por tanto, nunca usted atente contra su vida,

pues se convertirá en el peor enemigo de su familia,
en el que más daño le ha de ocasionar.

 

Prof. Dr. Sergio Andres Perez Barrero
Imagenes-Patricia Perrier Radix

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