La Culpa

— Sentimiento de culpa —

La culpabilidad es un arma poderosa, pues puede
utilizarse para ejercer poder y obtener de los otros lo que quieren

Las personas culpabilizadoras intentan hacernos creer que nuestra culpabilidad
está justificada y así aprovecharse de nosotros.

A esto se le denomina chantaje emocional:

  • -no haces lo que se espera de ti-
  • -no sé cómo has sido capaz de…-
  • -si hubieras… no habría ocurrido- etcétera.

A partir de la inducción de culpa buscan nuestra sumisión
o la consecución de sus objetivos.

Por eso, debemos evitar este perfil de personas.

¿Por qué me siento culpable.?

La mayoría de nosotros ha sido en algún momento
de su vida condicionado para sentirse culpable.

Esta culpa proviene generalmente de la familia, los amigos,
la sociedad y/o la religión que, consciente

o inconscientemente, nos enseña a sentirnos culpables
por pensar o actuar de una manera determinada.

De niños nos recuerdan constantemente nuestro mal comportamiento, y cuando hacemos algo mal, nuestros padres o maestros se apresuran a transmitirnos lo decepcionados que están con nosotros. El objetivo de esta culpa impuesta desde el exterior no es otro que cambiar tu comportamiento haciendo que te sientas mal por lo que hiciste.

Una vez que nos han hecho sentir lo suficientemente culpables, padres, maestros y educadores nos enseñan a escapar de la culpa para, de ese modo recuperar su aprobación.

La culpa se convierte así en una herramienta extremadamente poderosa para manipular el comportamiento, estando fuertemente relacionada con la necesidad de aprobación externa.

¿Por qué aparece la culpa..?

La razón principal por la que la culpabilidad se instala en nosotros se reduce a menudo a los condicionamientos simples que recibimos de pequeños.

Por lo general se nos enseña a buscar la aprobación de nuestros padres. Cuando hacemos algo -bueno- nuestros padres nos premian con alabanzas y recibimos su aceptación, cuando hacemos algo -malo- esta alabanza desaparece y se reemplaza por desaprobación. Dado que prácticamente todos los niños desean fuertemente recibir amor y aceptación por parte de sus padres, la necesidad de aprobación de los padres es algo que los niños se esforzarán por conseguir de manera constante.

El resultado es que con el tiempo nos condicionamos fuertemente a buscar la aprobación de los demás por las cosas que decimos y hacemos. Esto nos lleva a la falsa convicción de que tenemos que hacer y decir lo que los demás esperan de nosotros a fin de recibir su aprobación.

— La necesidad de aprobación externa —

Cuando hacemos o decimos algo que otros consideran como inaceptable se activa en nosotros esa necesidad profundamente arraigada de aprobación externa. Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.

Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros se alineará con todo lo que es popular, común o deseable. Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos y compañeros de trabajo.

Con el fin de ser aceptados por ellos,
terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar.
De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.

-El sentimiento de desaprobación-

La culpa puede por tanto definirse como esa incómoda sensación que se experimenta cuando se hace algo que sabemos dará lugar a la desaprobación de los que nos importan.

Es un subproducto de nuestras acciones en conflicto, ya sea con un código interno o con la moral impuesta externamente. El resultado de este conflicto se traduce en sentimientos de culpa.

Así es como la culpa puede llegar a ser un medio muy eficaz de influir en el comportamiento de alguien, ya que activa nuestra necesidad infantil de ser aprobado por los demás, sirviendo al mismo tiempo como el motivador que anima a que cambiemos nuestro comportamiento mediante la activación de otra tendencia muy humana: el deseo de evitar el dolor y como consecuencia experimentar placer.

— La aceptación de los demás nos evita el dolor que nos causa la culpa —

-La culpabilidad y la preocupación-

Las cosas que haces y la forma en que vives tu vida, en términos generales puede dividirse en dos categorías: -lo bueno- y -lo malo-. Cuando haces cosas buenas recibes la aprobación de los demás y cuando haces cosas malas recibes la desaprobación. Por lo tanto, la culpa tiende a aparecer como resultado de hacer -cosas malas- o no hacer -cosas buenas-.

Para agravar la influencia que la culpa ejerce sobre nosotros, esta se asocia a menudo con la preocupación que dedicamos a los demás o a nuestras propias acciones.

La mayoría de nosotros considera que no sentirse culpable por una supuesta -mala acción- significa que la acción misma o sus consecuencias no nos importan, lo que consecuentemente nos convierte en malas personas.

Por supuesto, la implicación subyacente detrás de esta lógica es que para llegar a ser una -buena persona- hay que demostrar cierta preocupación por los demás hasta el punto de alinearse con lo que ellos consideran bueno o malo, o lo que es lo mismo, hay que ajustarse a las necesidades y deseos de los que te rodean.

Sin embargo, la realidad es que no sentirse culpable por algo, no significa necesariamente no preocuparse por ello, simplemente supone vivir la vida según tu propio código moral (lo que tu crees que es bueno y correcto), en lugar de por un código moral impuesto desde el exterior (lo que la sociedad, los amigos y la familia creen que es bueno y correcto).

Superar con éxito la culpa por lo tanto, comienza por defender tus creencias, deseos y necesidades, sin ser influenciado por lo que piensan, desean o necesitan los demás. De otro modo siempre serás vulnerable a la culpa impuesta externamente por las convenciones o las personas que te rodean.

-Evidencias sobre la culpa-

A lo largo de los años son muchos los estudios que han extraído conclusiones relevantes sobre la culpabilidad, su desarrollo como emoción básica en el ser humano y las consecuencias de ésta sobre la conducta:

    • La aparición del sentimiento de culpa se vincula al desarrollo de la conciencia moral del sujeto.
    • La mayor o menor intensidad de la respuesta emocional de culpa depende de las diferencias individuales y de las pautas educativas.
    • Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
    • Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (-Ya no te quiero-, -No ves cuánto nos haces sufrir-) provocan sentimientos de culpa intensos.

El artículo con el estudio -¿Qué nos hace sentir culpa?-, cuyo objetivo fue analizar con cierto detalle la gran diversidad de eventos que pueden provocar sentimientos de culpa en una muestra de jóvenes y adultos de ambos sexos. Sus conclusiones son de los más interesantes.

Resumen:
El sentimiento de culpa es una emoción negativa que puede sernos muy útil,
pero también profundamente incapacitante.

Algunas de las características de las personas culpabilizadoras son:

  • Se está quejando casi siempre.
  • Suele ser buen conversador y encantador.
  • En general, suele ser apreciado, nunca tiene la culpa si las cosas se tuercen.
  • Te hace creer que es culpa tuya si las cosas no van bien.
  • Te hace creer que su felicidad está en tus manos.
  • No te acusa directamente, sino de forma retorcida y sutil.
  • Te sientes culpable en su presencia, tienes la impresión de
    hacer las cosas mal e intentas cambiar para darle satisfacción.

-Consecuencias de la autoculpa-

Las personas que tienden a autoculpabilizarse de forma frecuente sienten un importante malestar emocional, desprecio por sí mismo, desvalorización, etcétera. Estos sentimientos se asocian a un elevado nivel de autoexigencia, perfeccionismo, obsesividad y tristeza, además de un nivel muy bajo de autoestima.

La autoculpa nos engaña haciéndonos sentir que no hemos sido capaces de resolver algo que nosotros creíamos controlar, generándonos frustración y desasosiego. Por otro lado, la autoculpa es peligrosa en el sentido de que si cargamos nosotros con toda la culpa, liberamos a los demás de la suya y les incapacitamos para que aprendan a reparar errores o a no volverlos a cometer.

El sentimiento de culpa es considerado como una emoción negativa que, si bien a nadie le gusta experimentar, lo cierto es que es necesaria para la correcta adaptación a nuestro entorno. Muchos autores coinciden en definir la culpa como un afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber traspasado las normas éticas personales o sociales especialmente si se ha perjudicado a alguien.

La culpabilidad, por tanto, surge ante una falta que hemos cometido (o así lo creemos). Su función es hacer consciente al sujeto que ha hecho algo mal para facilitar los intentos de reparación. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral, que se inicia en nuestra infancia y que se ve influida por nuestras diferencias individuales y las pautas educativas.

Existen personas que confunden esta emoción con la vergüenza, incrementando su malestar emocional, ya que al mezclar ambos sentimientos se retroalimentan entre sí. Mientras que la culpa aparece ante el dolor por el daño causado, la vergüenza se experimenta cuando nos percibimos con la falta de una habilidad o capacidad que se presumía deberíamos tener.

-Radiografía de la culpa-

Para entender la culpa hay que conocer cuáles son sus elementos:

  • Acto causal, real o imaginario.
  • Percepción y autovaloración negativa del acto por parte del sujeto, mala conciencia.
  • Emoción negativa derivada de la culpa, remordimientos.

La combinación de estos elementos puede dar lugar a dos tipos de culpa:

  • Culpabilidad sana o manifiesta:
  • Aparece como consecuencia de un perjuicio real que le hemos causado a alguien. Su utilidad reside en ayudarnos a respetar las normas y a no perjudicar a los demás. La culpa funciona aquí como un castigo cuando no las cumplimos.
  • Culpabilidad mórbida:
  • No ha existido ninguna falta objetiva que justifique dicho sentimiento. A diferencia de la anterior, este tipo de culpabilidad es destructiva y no nos ayuda a adaptarnos al medio. Cuando la culpa no funciona bien (no cumple su función adaptativa) puede ocurrir por exceso (relacionada con alteraciones psicopatológicas).

 

Artista-Tom Barnes