AYÚDEME Dr: -La mujer encorvada


Ayúdeme doctor…

Los milagros existen, yo he visto
curaciones que, como médico oficialista,
me han hecho temblar.

— He sentido que algo por encima de mis conocimientos,
solucionaba enfermedades que nunca sospeché,
por mi formación académica que se pudiesen curar —

Los más graves problemas se hacían
los más sencillos; y los más sencillos se curaban de forma espectacular..!

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Las curaciones hechas en los tiempos
de Jesucristo, han de ser repetidas en la época actual.

Él mismo lo predijo diciendo:

“Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre echarán demonios, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño, pondrán sus manos sobre los enfermos y se curarán”.

-Nada de esto hoy se ha cumplido-

— LA MUJER ENCORVADA

Estaba enseñando en la sinagoga un sábado. Había allí una mujer que tenía un espíritu de enfermedad hacía dieciocho años, y estaba encorvada y no podía en modo alguno levantar la cabeza. Al verla, Jesús la llamó y le dijo:

“Mujer; estás libre de tu enfermedad”
Le impuso las manos y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.

Interviniendo el Jefe de la Sinagoga enojado porque Jesús había curado en sábado,
decía a la muchedumbre:

“Hay seis días para trabajar; en estos venid y haceos curar; pero no en día de sábado”.

Respondiole el Señor y dijo: “Hipócritas, cualquiera de vosotros en sábado, ¿no desata su buey o su asno del pesebre y lo lleva a abrevar? Y ésta que es hija de Abraham, a quien ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no tenía que ser soltada de su atadura en día de sábado?
Y diciendo esto quedaban confundidos todos sus adversarios, y toda la muchedumbre se alegraba de las obras prodigiosas que hacía”.

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→Yo he vivido encorvado

La verdad es que no sé por qué cuando me pongo a hablar de milagros tengo la costumbre de comenzar por éste. Pero si soy sincero conmigo mismo, debo decir que si he vivido en mis propias carnes un milagro en concreto ha sido éste.

Después de muchos años de largos estudios, me he dado perfecta cuenta de que he pasado muchas horas de mi vida delante de interminables libros. Sólo vivía para mis estudios alternándolos con unos pequeños ratos de ocio.

Con el tiempo este periodo acaba, y me veo abocado a elegir entre seguir estudiando o trabajar; cosa que no supuso ningún cambio a mis idolatrías interiores, pues si estudiaba era para trabajar y si trabajaba era para tener suficiente dinero para mantenerme.

Estaba más preparado para sobrevivir que para vivir con mayúsculas la -VIDA-.
Acabé cansado, desmoralizado, débil, y delgado como el que más.
¿A quién había yo servido hasta aquel momento para acabar en tan calamitoso estado?
Es obvio que a mis intereses personales.

Pero en medio de esta pesadilla comienza a abrirse una luz, pues en ese momento y tras ocho años de terapeuta me doy cuenta de que mi trabajo, más que gustarme me disgusta llegando a constituir mi más terrible e indeseable fobia.

Algo estaba a punto de cambiar, pues tras un breve paso por la Renovación Carismática Católica se abre un nuevo mundo en el que conozco de primera mano, cómo los milagros sí existen, y a partir de ahí comienzo un sendero diferente en el que, encontrar mi salud y la de mis pacientes se hace un solo camino.

Comienzo una etapa en la que, puesto que nadie había escrito sobre el tema de la salud en relación con las Sagradas Escrituras, me encuentro con grandes inconvenientes para entrar en tan complejo mundo; la labor de investigar en los textos originales de la Biblia para un médico, aparte de insólita, no era tarea fácil, pues latín, griego y hebreo para mí eran lenguas totalmente desconocidas; pero como todo tiene solución para un corazón intrépido y aventurero, decidí tomar la senda que conducía hacia la sabiduría de nuestros antepasados para llegar a las más primitivas fuentes del saber judeocristiano, y volverme hacia vosotros que leéis este libro con una visión renovada, en la que aporto un nuevo punto de vista, (el médico-psicopatológico), a la interpretación de los milagros de Cristo.

Por todo ello:
¿cómo puedo dejar de hablar de esta mujer encorvada, sino como si de mí mismo se tratara?

-Los que hemos vivido encorvados carecíamos de dignidad-; hemos pasado nuestra vida inclinándonos ante los hombres de poder (profesores, jefes, personas influyentes o con dinero, padres, etc.), con el único objetivo de recibir algo de ellos, para al final acabar sin recibir nada…; nos preocupábamos en demasía de lo que el día de mañana íbamos a comer, e idealizábamos desmesuradamente el trabajo del que dependíamos. Éramos, ciertamente, adoradores del mito del pesebre.

Hicimos del trabajo nuestra religión, inclinándonos ante la comida como si del mismo Dios se tratara y no admitiendo otro Dios que el trabajo, haciendo de nuestra vida una lucha por la supervivencia en la que la comida o la ropa se había convertido en el paraíso final ante el que cualquier otra cosa resultaba secundaria.

Somos muchos los que hemos pasado por esta falacia sin sentido, algunos elegimos nuestro trabajo en función de la seguridad económica que nos iba a brindar. Muchos fuimos, al fin y al cabo, arduos trabajadores que creíamos que la salvación radicaba en terminar extenuado tras una larga jornada de trabajo; no olvidemos que numerosas amas de casa sufren hoy día este síndrome llamado surmenaje.

¿Cómo repercute el encorvamiento en la salud de la persona?
No resulta nada difícil descubrir cómo y de qué manera puede influir un encorvamiento en nuestra salud.

1.- Si lo que se encorva es el cuello: haciendo caer un poco la cabeza, tendremos ante nosotros el típico depresivo que no habla ni dialoga con nadie (probablemente en su trabajo era necesario hablar mucho, o bien hablaba mucho en su trabajo).

2.- Cuando se encorva el pecho: caen los hombros hacia delante dando lugar a un agotamiento impresionante.

3.- Pero si lo que predomina, es un encorvamiento en la zona del estómago-: en cuyo caso aparecerá un pliegue en el citado lugar, la persona perderá toda agresividad para resolver sus problemas, huyendo en consecuencia de todo lo que pudiera acarrearle algún conflicto.

4.- Un poco más abajo: el encorvamiento provocará la ausencia de sensaciones instintivas, sobre todo sexuales, incluyendo la impotencia.El lugar donde el cuerpo se encorva provocará problemas de salud en los órganos que se encuentran alojados en dicha curva.

5.- En el cuello: será la afectación de tiroides, órganos de la fonación, también la circulación de la cabeza y, ¿cómo no?, de las cervicales.

6.- En el tórax: cifosis o joroba, problemas de corazón, asma, ansiedad, etc.

7.- En el estómago: anorexia nerviosa, úlcera, diabetes, problemas hepáticos y de vesícula, e incluso de riñones e intestino.

8.- Más abajo: problemas de vejiga, trastornos de la función sexual, afecciones en el intestino grueso, hemorroides, problemas en la circulación de las piernas, etc.

Hebreos y árabes, afirmaban que cuando una persona camina doblada, lo hace porque en su vida está ocultando cosas que no desea que sean conocidas; en consecuencia, en estas dos culturas, -encorvarse significa mentir-.

Por lo tanto, estaríamos ante la -somatización- del mentir.

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Un dialogo de gestos, con un -Rey de Reyes-

Lo que realmente capta mi atención respecto a la capacidad sanadora de Jesucristo, es su habilidad para descubrir entre la gente, a los enfermos más necesitados de su misericordia. Lo más bonito de este milagro es la existencia de un diálogo con pocas palabras y muchos gestos.

Se va a desarrollar ante nuestros ojos algo que los judíos conocían muy bien, una puesta en escena de cómo un rey se relaciona con un vasallo y viceversa.

Cuando una persona iba a requerir el favor del rey, permanecía inclinada ante el monarca sin decir ninguna palabra hasta que éste posaba sus ojos sobre ella y le mandaba acercarse; sólo entonces, puesto en medio, exponía su súplica.

Por el contrario, cuando un monarca desviaba sus ojos de alguien que le suplicaba clemencia, el resto de los presentes daba por supuesto que su petición no sería complacida, siendo arrojado inmediatamente al exterior.

-El encorvamiento de la mujer significa una humillante súplica de ser atendida-. Cristo se percata prontamente de ello, y posa su mirada sobre la mujer, lo que significaba que su petición iba a ser atendida. Sin embargo, cuando la mujer está ya en medio de todos, no habla:las mujeres tenían prohibido hablar en público en la sinagoga-.

Ahora bien, Cristo, conocedor de esta dura norma,
hace uso de la palabra por ella y la libera de su enfermedad.

 

Dr. José Luis Sánchez Relova

Artista-HR Ryan