86. Más allá de la mente


Lo que es Real, es una experiencia,

una vez la tengas, se acabarán tus preguntas,
pues esa experiencia, es la contestación.

kush vladimir niñoCuando la mente humana empieza a despertar,
reconocemos las inmensas contradicciones de la vida, la
belleza y el horror de nuestra propia experiencia
y de la experiencia global.

Este reconocimiento
supone una conmoción para el sistema.

Generalmente surge el deseo
de comprender, qué significa todo esto.

¿Estamos en un universo malvado,
o en un universo santo..?

Impulsados por este deseo, comienza la búsqueda del conocimiento. Puede que acudamos a nuestros padres, a nuestros profesores, a nuestra cultura y a nuestras religiones en busca del conocimiento, y puede que aceptemos o rechacemos su versión de la realidad.

Sorprendentemente, en algún momento de gracia, sabemos sin lugar a dudas que somos uno con el universo, que todo es perfección. Lo sabemos, tanto si nos ocurre durante una milésima de segundo contemplando la cara de un bebé, como si la experiencia se prolonga más tiempo.

kush vladimirY entonces, inevitablemente, surgen otras experiencias del horror o del aparente sinsentido de la vida. Una vez más, nos damos cuenta de que no sabemos nada, y la búsqueda del conocimiento continúa.

Tratamos de entender todo lo que nos pasa y después lo catalogamos en nuestros pequeños compartimentos mentales. Este es un ejemplo de cómo el gran poder de la mente dirige nuestras vidas.

Pero cuando se trata de abordar el reconocimiento de la verdad, la mente no está equipada para dirigir. Está exquisitamente equipada para descubrir o para seguir, pero no para dirigir.

La mente no es el enemigo.
La tragedia es que
creemos que las conclusiones mentales,
son la realidad.!

Esta es una gran tragedia,
responsable tanto del sufrimiento más
prosaico o como de la alegría más profunda,
individual y colectiva.

Es posible que surja en ti un gran miedo a morir y a no llegar nunca donde quieres llegar. Este miedo es comprensible, pero todos los magníficos seres que te han precedido, te animan a conocer que la verdadera detención de la mente, es una noticia estupenda.

En lo profundo de ti, ya sabes que es así.
Simplemente no puedes creer
que sea verdad, porque no lo entiendes.

Y quieres entenderlo, para poder tener algún
control sobre ello, por lo que tenderás a asignarle un
lugar, y a definirlo como algo religioso,
espiritual o existencial.

Dibujo Kush Vladimir 114 Trab 2Para saber lo que sabes en el núcleo de tu ser no hace falta entender, y no requiere esfuerzo. El esfuerzo surge cuando tienes que entenderlo para poder conocerlo mentalmente y recordarlo, de modo que esté ahí, a tu disposición, cuando te metas en problemas.

La verdad de quien eres como pura conciencia, la totalidad del ser, es infinitamente más profunda y vasta, que cualquier comprensión mental que se tenga de ella. Los efectos de esta toma de conciencia pueden ser exquisitos, y suele seguirle cierta capacidad de articularla, como comprobamos en los libros sagrados y las escrituras.

Pero en cuanto uno se cree los pensamientos:
«Ahora lo conozco, ahora lo entiendo, ahora es mío»,
el misterio se convierte en un concepto, en una historia sobre un momento de verdad experimentado en el pasado.

La simplicidad, es la cualidad de la verdad que mantiene a ésta, fuera del alcance de cualquier concepto. En cierto momento reconoces que no comprendes nada, y experimentas un momento de claudicación. La paradoja es que, en cuanto renuncias a la necesidad de comprender, comprendes; y en el momento en que piensas que entiendes, no entiendes.

Lo que mi profesor me ofreció, no tiene nada que ver con adquirir poderes especiales.

No tiene nada que ver con conseguir un estado mental determinado. No tiene nada que ver con ninguna cualidad. Tiene que ver con lo que es eterno, incontrolable y permanentemente aquí, a cada momento, cada segundo, en cada situación y en cada estado mental.

Si examinas tu vida, reconocerás que esto
es verdad para cada pensamiento, emoción, conclusión,
autodefinición o definición de otro.

Todos ellos (los pensamientos), nacen constantemente, existen durante algún tiempo, cambian y mueren.

Es importante insistir en esto. Posiblemente éste es el salto más grande que la mente tiene ante sí: todo lo que la mente puede aprehender está sujeto al nacimiento y a la muerte.

Nuestra verdad no tiene nada que ver con el cuerpo, los pensamientos, las emociones, los logros, los estados elevados, o los estados inferiores, que son impermanentes. La verdad es demasiado grande.

¿Estás dispuesto a reconocer que los pensamientos
sólo son pensamientos, hermosos y horribles
en su ámbito y poder, y sin embargo inadecuados para describir quién eres?
¿Estás dispuesto a indagar en esto?

Si es así, te invito a que dejes de pensar,
sólo por un momento.

No como un acto de represión, sino como una
negativa a seguir alimentando cualquier pensamiento que
surja; se trata de dejar de construir un pensamiento
tras otro. Tanto si es un pensamiento de grandiosidad como
un pensamiento de carencia, deja de alimentarlo
y reconócelo como un simple pensamiento.

¿Qué puede hacer un pensamiento?
Puede definir la experiencia.
Puede clasificar y relegar la experiencia.
Puede generar experiencia.
Pero no puede ser experiencia.

El pensamiento tiene un comienzo, un desarrollo y un final.
La verdad absoluta no tiene principio, ni desarrollo, ni final.
No aparece y desaparece; siempre está aquí.

No estoy en contra del pensamiento. ¿Qué sentido tendría eso?  el pensamiento está aquí, los pensamientos pueden ser una expresión gloriosa de creatividad y comprensión: reconocer el pensamiento tal como es, no significa estar ni a su favor ni en su contra.

Pero cuando estás libre de la creencia de que los pensamientos son la realidad, eres libre de entrar en la experiencia directa de quien eres.
Tu identidad no puede ser captada a través del pensamiento.

El lenguaje es una increíble potencialidad de la mente. Pero si lo examinamos con cuidado, veremos que aún está en una etapa de desarrollo muy primitiva.

Todo el mundo puede reconocer este hecho
a partir del simple intento de comunicar con otra
persona. Tú sabes lo que has dicho,
pero (-ojo-), el otro piensa que has dicho otra cosa.

Y hay ciertas palabras, como
«Dios», «verdad», «eternidad» y «yo»,
que nos ponen en trance, un trance que tiene su base
en nuestros condicionamientos del pasado.

Estas palabras tienen una historia
detrás, que influye profundamente en su significado.

Posiblemente oímos la palabra «Dios» por primera vez en la escuela dominical, e imaginamos a un gran padre benevolente que cuidaría de nosotros y nos querría si éramos buenos.

Después crecimos y eso quedó atrás, pero aún sigue archivado en algún lugar y continúa influyéndonos. Dios sigue siendo «alguien». En algún punto, tal vez interpretamos a Dios como una presencia, pero solemos pensar que esa presencia está «en alguna parte».

Lo mismo ocurre, evidentemente, con la palabra «verdad», tiene un significado subconsciente particular en cada mente individual.

Esto también es muy aplicable a la palabra «yo». Incluso llegamos a una gran sofisticación y -dividimos el yo, en un yo superior y un yo inferior-, complicando y retorciendo aún más su significado.

El yo superior es el «buen yo»,
que está orientado hacia Dios, y el yo inferior,
es el «yo malo».

Cuando uso la palabra «Dios», no hablo de nada que pueda estar separado de cualquier otra cosa. Y lo mismo es válido para «verdad».

No estoy hablando de una verdad que está sujeta a cambios u opiniones personales, o que puede someterse a votación.
-La verdad es inmutable-.

Cuando uso la palabra «yo» o «tú», estoy hablando a la verdad que eres, que no puede ser pensada, no puede ser contenida, y no puede ser separada en superior e inferior, buena o mala, porque no es una cosa.

Dibujo Kush Vladimir 57Tú no puedes estar contenido en ningún
pensamiento, bueno o malo, superior o inferior;

Dios y verdad tampoco pueden estar
contenidos en ningún pensamiento.

Esto es «Más allá de la mente»

 

El Diamante en tu bolsillo
GANGAJI

Artista-Vladimir Kush

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