AYÚDEME Dr: -Autorreferencia: Soy horrible


Ayúdeme doctor…

Soy horrible..!

— Deformaciones del pensamiento en la depresión —

De los síntomas que presenta la depresión, tristeza, apatía, inhibición, frustración, los pensamientos negativos parecen a primera vista, pero el papel de los -pensamientos deformados- en la depresión resulta sumamente importante.

-Esta deformación del pensamiento-, alude a la facilidad con la que algunos deprimidos se sienten culpables de las desgracias que suceden a su alrededor.

Acostumbrado a considerar las consecuencias negativas de todos sus actos, el afán crítico puede llegar tan lejos que encuentre responsabilidades culposas donde no las hay.

Por ejemplo:
-Que los compañeros de trabajo se peleen entre sí, debido a que él está deprimido-.

La autorreferencia se puede manifestar también por -la sensación de ser el centro de atención de todo el mundo-. Cree que sus deficiencias y limitaciones llaman la atención, y que todos fijándose en él, -descubren lo horrible que es-.

El deprimido se ve responsable de todas las cosas negativas, de los fracasos propios, y de los de las personas que se relacionan con él. El mal concepto que tiene de sí mismo le lleva a pensar que si algo ha salido mal, es porque directa o indirectamente -él tiene la culpa-.

1.- Porque no ha actuado bien.
2.- Porque debía haber tenido en cuenta, cosas que en su aturdimiento no había reparado.
3.- Por sus pensamientos hostiles e irritados.
4.-  Por una razón desconocida, incluso, el caso es que se cree autor de todos los desastres.

-Soy horrible..!
-¿Porqué dices que eres horrible?

-Por qué le hago la vida imposible a todo el mundo.

-¿Podrías explicarte más para que lo comprenda?
-Mi marido no es feliz.

-¿Y a quienes más te referías con -todo el mundo-?
-Mi vecina se cayó por la escalera. Si yo la hubiera acompañado como antes que íbamos juntas a comprar, no habría sucedido.
Y todo así. Si yo contribuyera más en la sociedad tal vez habría menos desgracias, y por mi culpa más de uno estará pasando hambre.

Significativamente, las cosas buenas
que le suceden a él mismo, y a los demás, y aunque tenga
una participación directa, nunca le parecen dignas de merito.

La persona del ejemplo, no sólo se niega el derecho a estar enferma y ser cuidada por su marido, cosa que por cierto ella ha tenido ocasión de hacer por él, sino que también siente mala conciencia por un accidente que ha tenido su vecina, lo cual ya es una responsabilidad excesiva, e irracional.

También exagera
su falta de contribución hacia la humanidad:
Ni aun encontrándose bien, le sería
posible por sí sola, resolver los males del mundo.

El deprimido no acepta la idea de estar limitado por sus circunstancias actuales, ni espera poder reparar el tiempo perdido cuando haya mejorado. Le parece tan intolerable encontrarse postrado que se castiga por ello, por las cosas que podría hacer, de encontrarse bien (en el ejemplo, hacer feliz al marido, acompañar a su vecina, ayudar a los demás).

Claro está, estas ideas excesivas de cuales son sus responsabilidades tienen efectos contraproducentes:
= Crean mayor malestar, cuando el deprimido cree portarse peor de lo que en realidad lo hace.
= Le roba la alegría de hacer bien las cosas que hace, y que sin embargo cree que no son por mérito propio.

Es difícil saber
exactamente, qué se le puede exigir a la voluntad de un deprimido,
porque hay que atenerse a la realidad de su estado.

Ni estando deprimido puede hacer las mismas cosas que estando alegre, y por lo tanto tiene que rebajar sus exigencias temporalmente.

Ni por otro lado deja de haber algo, por modesto que fuese, que dadas sus posibilidades reales está a su alcance realizar.

La solución a este delicado problema de responsabilidades, consiste en una fórmula prudente:
1.- Comenzar por lo que se está seguro que el deprimido puede hacer dado su estado, y a partir de ahí aumentar gradualmente, lentamente, con la paciencia que fuera necesaria, los niveles de complicación, hasta que se consiga una mejoría aceptable.

2.- Una meta modesta siempre es más fácil de cumplir que una ambiciosa, y existe mayor seguridad que el deprimido pueda reconfortarse con éxitos que le irán animando.

3.- Conforme más se anime, más puede seguir abarcando, siempre sin pretender dar saltos bruscos que le pudieran hacer fracasar. Y si fracasa en algún momento, en lugar de castigarse por ello, es preferible más placentero y práctico, volver a intentarlo con mayor ahínco.

4.- Los acontecimientos que prefiere retener el deprimido, son los fracasos, las carencias, errores y debilidades. No todo va mal, ni mirando con relatividad se verían las cosas tan graves como el deprimido las ve, pero hay como una cierta tendencia del deprimido a verlo todo negro.

5.- El esquema de este mecanismo del pensamiento, es uno de los rasgos que delatan la presencia de tristeza a las personas que rodean al deprimido. Como sólo muestra el lado negativo de las cosas, los demás acaban por darse cuenta de que no es que tenga peor suerte que los demás mortales, sino que se trata de que está deprimido.

-¿Qué tal te ha ido en el trabajo?
-Me ha salido horriblemente mal.
-¿Qué ha pasado?
-El jefe me riñó, me equivoqué en un envío, y perdí una lista, en fin, espantoso.
-¿Pero algo habrás hecho bien durante las ocho horas de trabajo, aparte de lo
que dices?
-Lo demás, normal.

Aquí vemos un diálogo típico con un depresivo. Nos cuenta exclusivamente lo que ha ido mal, dando la impresión de que lo sucedido ha sido catastrófico.

En cambio, mirado racionalmente, la proporción de cosas que el deprimido hace bien es mayor que las que hace mal. La manera irracionalmente negativa de ver las cosas que tiene el juicio del deprimido, le sume en la sensación de ruina y degradación.

-¿Cómo te encuentras hoy?
-Mal
-¿Pero mejor o peor que ayer?
-A medida que pasa el tiempo me encuentro peor, pensado que no mejoro.
-Pero, ¿qué entenderías tú por encontrarse mejor?
-No sufrir, encontrarme alegre como antes.
-Y si en el camino de estar bien, progresas, ¿no es eso una mejora?
-Bueno, el que no se consuela…
-Por lo menos admitirás que hacer progresos, aunque no estés del
todo bien, no es precisamente empeorar.
-Sí, eso es verdad.
-Entonces, que pienses que empeoras porque aún te
encuentras mal, ¿no es una idea negativa que contribuye a deprimirte innecesariamente?
-No puedo evitar tener esas ideas.
-Pero al menos les puedes dar una réplica, como ahora hacemos.

Como vemos en este ejemplo, el deprimido sólo tiene ojos para su malestar. Si realiza pequeños progresos es como si no existiesen para él, los desprecia porque sólo observa lo malo y negativo, lo que le falta aún para sentirse completamente bien.

Este mecanismo es peligroso porque borra en el deprimido la idea de un esfuerzo continuo, necesario para mejorar.

Le invita a abandonarse en el -es inútil todo lo que haga-

Los esfuerzos positivos siempre dan resultados, pero es imprescindible que, a pesar de que sean pequeños y graduales, el deprimido los detecte y aprecie.

Por el contrario, la selección tendenciosa de lo malo, amenaza con eliminar todo intento de salir poco a poco de la depresión.

 

Deformaciones del pensamiento en la depresión.
Por: José Luis Catalán Bitrián

Artista-Cassandra Barney