Cosas que no debes hacer cuando alguien está deprimido

 

– TRIVIALIZAR LA SITUACIÓN –
– ES UNO DE LOS ERRORES MÁS COMUNES –

Hablamos con expertos para saber cómo comportarnos cuando
alguien cercano tiene -Depresión- o tristeza patológica.

Narrativa:

Carmen piensa en que tiene mucho qué hacer, pero se ve incapaz de levantarse del sofá. Lleva días así, o quizás semanas, pensando en todo eso que debería hacer, pero no hace, porque no encuentra las fuerzas para hacerlo.

Es una sensación extraña. Algo así como si estuviera abatida en combate, como si fuera un soldado derribado en alguna guerra, que ni siquiera es consciente de haber librado.

Ella fue una persona muy vital no hace tanto tiempo, pero ahora mismo no sabe cómo salir de ese círculo, cómo volver tener interés por las cosas, y sacar fuerzas para afrontar nuevas iniciativas.

Todo se le hace un mundo, y lo peor de todo eso, es que no encuentra la forma de sentirse mejor, hasta tal punto, que empieza a asumir que ese va a ser su nuevo estado a partir de ahora.

La -Depresión- o -Tristeza patológica-, afecta a muchisimas personas en el mundo y se calcula que mas pasará por un proceso depresivo a lo largo de su vida. Si bien los expertos llevan tiempo pronosticando que -la depresión será una de las epidemias del S. XXI-, concretamente se estima que en unos quince años se convertirá en la primera causa de invalidez a nivel mundial-.

Una cuestión nada baladí. No sólo eso, recientemente la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental alertaba, de que pese al aumento en el consumo de fármacos antidepresivos, se produce la paradoja de que gran parte de sus consumidores -no padece realmente de depresión, y de los que sí la padecen, la mitad de ellos acudirá a su médico de familia sin que la detecten, y por tanto, continuará sin tratamiento o medicación-.

Esas son las cifras, los datos, las probabilidades. Pero la depresión es mucho más que eso, porque se trata de un problema que impacta de forma terrible en la vida de la gente. -Porque no sólo afecta a la persona que la padece, sino también a todos los que la rodean-. Aunque de eso se hable menos.

Y es que, al hablar de casos como el de Carmen (la depresión afecta sobre todo a mujeres de entre 30 y 40 años), se olvida muchas veces contar la historia del -marido angustiado-, que insiste en ese -venga anímate mujer- o le propone constantemente planes, en un intento de verla más activa, sin saber, que en realidad, todo eso hunde mucho más a su mujer.

Tampoco se habla de la madre, que hace por escucharla, pero que al final la agobia más, reconociendo que tiene razón en lo mal que están las cosas, o de la amiga, que por minimizar la situación, argumenta que no hay que hacer de todo un drama, y que solo será una mala racha.

-Olvidamos, que las primeras personas que detectan una depresión, no suelen ser los médicos, sino las personas más cercanas al paciente, y lo que nadie dice es que para ellos no es nada fácil-.

Ver a alguien que quieres atravesar esa mala situación es angustioso y frustrante, y por ello, todos querríamos saber qué cosas hacemos mal, o cómo sería mejor que actuásemos ante esa depresión, cuando al final lo único que queremos es ayudar. -Estos suelen ser algunas de las fallas más comunes, que los expertos nos explican cómo corregir-:

1. Trivializar la situación, cuando es un problema y se necesita ayuda.

-Tendemos a pensar que cuando una persona es negativa o se siente triste, cambiar ese estado de ánimo es una cuestión de actitud, pero a veces no es tan fácil como eso-.

Es importante que se asuma la dificultad que supone superar una depresión -y que ello no es debido a la falta de voluntad del deprimido, sino a la propia depresión que, entre otras cosas, anula la voluntad de la persona- asi que trivializar el problema no ayudará a afrontarlo.

Hay que ayudar a la persona a darse cuenta, de que igual que existen problemas físicos, que necesitan de tratamiento, ocurre igual con lo psicológico, aunque en este caso la solución no sea sólo la farmacológica.

2. Ver el problema desde nuestra perspectiva en vez de empatizar.

-Ponerse en los zapatos del otro y caminar con ellos, seremos más conscientes de cuáles son sus circunstancias, y puede orientarnos respecto a qué necesita-.

Ese es el primer cambio en la perspectiva que pone sobre la mesa el médico tratante. Cuando damos consejos, tendemos a ver las situaciones desde nuestra propia perspectiva, pero si queremos realmente ayudar, lo ideal es optar por la empatía, para tener más pistas sobre si esa persona necesita un hombro en el que llorar, distraerse, o solo que la escuchen en silencio. Ante la duda, siempre se lo podemos preguntar, en vez de dar las cosas por hecho.

3. Caer en los -anímate-.

-Caemos en esa frase casi por defecto, como si un -anímate- pudiera arreglarlo todo, o como si esa persona no se hubiera dado cuenta de que su problema podría arreglarse de forma tan simple.

La intención es buena, pero el efecto ya no tanto. -Para alguien que se encuentra encerrado en esa oscuridad interior-, probablemente no sea de utilidad escuchar ese ¡anímate! o que le insinúen que está exagerando.

De hecho, puede que la persona en depresión se sienta poco respetado en relación a lo que está vivenciando e -incluso culpable por haberse metido allí y no poder o querer salir-. Con esta misma idea, frases del estilo -sé positivo-, -vamos, alégrate-, o -sé cómo te sientes-, pueden provocar lo que no queremos: -más culpa y tristeza-.

4. Imponer en vez de sugerir o proponer.

-Puede que en ocasiones salir de la rutina ayude a cambiar las perspectivas, la cuestión es cómo debemos sacar a esa persona de casa, si bajo una orden y mandato, dado su poca voluntad a hacer cosas, o si quizás deberíamos cambiar de estrategia-.

Se ha demostrado que cuantas más actividades agradables se realice, mejor será su estado de ánimo, pero teniendo en cuenta que la persona deprimida no está en buena disposición para llevar a cabo las mismas, conviene que nuestras peticiones o sugerencias no suenen a imposición.

5. Asumir sus decisiones y responsabilidades.

-Cuando alguien querido nos preocupa y nos ponemos como -cuidadores-, a veces acabamos por anular la poca voluntad que le queda al enfermo, aún sin mala intención-.

Como familiar o pareja, asumimos como propias las decisiones, tareas y responsabilidades que le competen a la persona que se advierte triste, y de esa manera, sin darnos cuenta, podemos ser cómplices de construir dinámicas que mantengan la situación de depresión más tiempo del necesario.

6. Alimentar el discurso negativo.

-Precisamente, en eso de buscar los equilibrios está la clave. No podemos decirle a esa persona que lo que le pasa es sólo una racha o algo trivial, pero tampoco podemos pasarnos al otro extremo, y acabar dándole más argumentos para verlo todo negro-.

No es bueno alimentar sus quejas o fomentar discursos negativos, y que a cambio se proponga intentar desviar la conversación hacia otros temas, pero de forma sutil, con frases del estilo -creo que no es bueno para ti hablar de cosas que te hacen sentir mal-, o -entiendo que tal y como estás veas todo tan negativo, pero creo que no es bueno que yo lo fomente, así que si te parece podemos hablar de otras cosas-.

7. Hacer reproches en vez de valorarle.

-La persona que está deprimida lo pasa muy mal, pero quien la acompaña vive un camino agotador-.

Es fácil caer en el reproche, pero antes de eso, respiremos, y pensemos que si de verdad queremos ayudar a esa persona a salir de esa situación, lo que necesita es sentirse valorado, no aún peor consigo mismo de lo que ya se siente.

Y es que, tal y como opinan los expertos, -por mucho que pueda parecer una afirmación forzada, es fundamental hacerle saber que le valoras y es una persona importante para ti-, no hay que olvidar que lo normal es que haya perdido la esperanza y confianza en sí mismo.

8. Intentar reemplazar al profesional.

-Puedes ser amigo, puedes ser madre, puedes ser pareja, pero asúmelo, no eres un psicólogo, y no deberías intentar serlo-.

Si las soluciones que la persona y el entorno no están resultando eficaces, en ese caso, habrá que cambiar de estrategia y para ello se puede consultar con un psicólogo especializado. No hay que olvidar, que todos tenemos nuestros límites, y que si está bien ayudar, pero ciertos problemas hay que ponerlos en manos de un verdadero profesional.

Busque ayuda inmediatamente si:
Se siente abrumado.

Esta pensando en hacerse daño o en dañar a otra persona.
Es incapaz de controlar su comportamiento.
Tiene otros síntomas muy angustiantes de trastorno
de estrés postraumático.

EN CASO NECESARIO:
Llame a su médico.
Llame al 911 para servicios de emergencia
 o vaya
a la sala de emergencias más cercana.

SAPTEL “Sistema Nacional de Apoyo, Consejo 
Psicológico
e Intervención en Crisis por Teléfono”

(Cruz Roja Mexicana– 24 Hrs.) sin costo
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