144. La autobservación.


La vida sin consciencia es una vida mecánica.
No es humana, es programada, condicionada.

Más valdría que fuéramos una piedra, un trozo de madera.

… Todos los niños jugaban en la calle, eran vecinos y corrían felices, entraron por un momento a la casa para tomar agua, eran de variados grupos étnicos y la mamá dijo… Hijito, te he dicho muchas veces que no metas a la casa niños pobres…

«Tenías la oportunidad de sembrar una semilla de amor y preferiste perpetuar el odio. Elegiste enseñar a tener miedo. Podría haberte perdonado la falsa misericordia de quien observa y murmura ‘pobrecitos esos niños’ pero masticaste tanta bronca que ya no sabes hacer ni eso. Ay, nene, ojala alguien te explique que tu mamá ese día estaba enojada…!»

Podemos ir al cine, conducir un automóvil, hacer un crucero. ¿Creen ustedes que estamos mejor que los demás? A veces somos unas máquinas tanto como lo son ellos – Una máquina un poco más grande, pero de todas maneras, una máquina. Eso es triste. Es triste pensar que la persona pasa por la vida así.

Los seres humanos pasan por la vida con ideas fijas; nunca cambian. Sencillamente no se dan cuenta de lo que sucede. Ellos podrían ser un bloque de madera, o una roca, una máquina que habla, camina, piensa. Eso no es humano. Son títeres movidos en todas las direcciones por todo tipo de cosas.

Opriman un botón y obtendrán una reacción.
Casi se puede predecir
cómo va a reaccionar una persona.
Si estudio a una persona, puedo decirles cómo va a reaccionar.

Con mi grupo de terapia, a veces escribo en una hoja de papel que Fulano va a iniciar la sesión y que Mengano va a responderle. ¿Creen que eso está mal? Bueno, no escuchen a las personas que les dicen:

“¡Olvídese de usted mismo! (la autobservación)
Acérquese a los demás con amor”
¡No las escuchen!
Todos se equivocan.

Lo peor que usted puede hacer, es olvidarse de usted mismo cuando se acerca a los demás con lo que se llama una actitud de ayuda.

Esto lo entendí a la fuerza hace muchos años, cuando estudié sicología en Chicago. estábamos siguiendo un curso de consejería para sacerdotes. Se admitía sólo a sacerdotes que estaban haciendo consejería y que aceptaban traer a la clase la grabación de una sesión. Éramos como veinte. Cuando me llegó el turno, traje un casete con una entrevista que había tenido con una joven. El instructor colocó la cinta en una grabadora, y la escuchamos. A los cinco minutos, como acostumbraba el instructor detuvo la grabación y preguntó: ¿Hay comentarios?

Alguien me dijo:

-¿Por qué le preguntó eso a ella?
– No creo haberle preguntado nada – le contesté -.
En realidad, estoy bastante seguro de no haberle preguntado nada.

– Usted le preguntó – afirmó.

Yo estaba seguro porque en esa época estaba siguiendo conscientemente el método de Carl Rogers, el cual se orienta hacia las personas, y uno no hace preguntas, no interrumpe ni da consejos. De manera que yo sabía que no debía hacer preguntas.

De todos modos, hubo una discusión entre nosotros y entonces el instructor dijo: “¿Por qué no volvemos a escuchar la grabación?” volvimos a escucharla y entonces con horror, oí una pregunta grande, tan grande como el Empire State Building, una pregunta enorme.

Lo interesante es que yo había oído esa pregunta tres veces, la primera vez, supuestamente cuando la hice, la segunda vez cuando escuché la grabación en mi habitación (porque yo quería llevar una buena grabación a clase), y la tercera vez cuando la escuché en clase. Pero no la había oído. No había tomado consciencia.

Eso sucede con frecuencia en mis sesiones de terapia o en mi dirección espiritual. Grabamos la entrevista, y cuando el cliente la escucha dice: “Mire, realmente no oí lo que usted dijo durante la entrevista. Sólo oí lo que dijo cuando escuché la grabación”.

Lo más interesante es que yo no oí lo que dije durante la entrevista. Es sorprendente descubrir que durante una sesión de terapia -digo cosas de las que no tengo consciencia-. Solamente más tarde capto su pleno significado. ¿Creen ustedes que esto es humano? Usted dice: “Olvídese de usted mismo y vaya hacia los demás”. Después de escuchar toda la grabación allá en Chicago, el  instructor dijo: “¿Hay comentarios?”

Uno de los sacerdotes, un hombre de cincuenta años con quien yo simpatizaba, me dijo:
– Tony, me gustaría hacerte una pregunta personal.
¿Te parecería bien?

– Si, por supuesto – le contesté – Si no quiero responderla, no respondo.
-¿La mujer de la entrevista es bonita? – me preguntó

Realmente, yo estaba en un estadio de mi desarrollo (o subdesarrollo) en el cual no me daba cuenta de si alguien era bien parecido o no lo era. No me importaba. Ella era una oveja del rebaño de Cristo; yo era un pastor. Yo prestaba ayuda. ¡Qué maravilla! Así me habían entrenado. De modo que le dije:

-¿Eso que tiene que ver?
– Porque ella no te gusta, ¿verdad? – me contestó
-¡¿Qué?! – exclamé

Nunca me había detenido a pensar si los individuos me gustaban o me disgustaban. Como la mayoría de la gente, sentía una antipatía ocasional que se hacía consciente, pero mi actitud generalmente era neutral. le pregunte:

-¿Por qué piensas eso?
– Por la grabación.

La escuchamos nuevamente, y me dijo:
– Escucha tu voz. Observa.
Estás irritado, ¿no es así?

Si estaba irritado, y sólo estaba empezando a ser consciente de ello en ese momento.
¿Y qué fue lo que le dije a ella de manera no directiva?
Le dije: “No regrese”.
Pero no me había dado cuenta.

El sacerdote amigo me dijo:
– Ella es mujer. Se habrá dado cuenta.
¿Cuándo debes volver a reunirte con ella?

– El próximo miércoles.
– Apuesto a que no regresará…

No regresó. Esperé una semana, pero no vino. Esperé otra semana y tampoco vino. entonces la llamé. rompí una de mis reglas:
No seas el salvador.

La llamé y le dije:

-¿Recuerda esa grabación que usted me permitió hacer para mi clase? Me ayudó mucho porque la clase me señaló muchas cosas (¡No le dije qué cosas!) que podrían hacer que la sesión fuera más eficaz. De modo que si usted quisiera regresar, sería más eficaz.

– Bien, regresaré – me contestó.

Regresó. Todavía estaba allí la antipatía.
No había desaparecido, pero ya no estorbaba.

Usted controla aquello de lo cual es consciente;
aquello de lo cual usted no es consciente, lo controla a usted.
Usted siempre será un esclavo de aquello
de lo cual no es consciente.

Cuando es consciente de ello, se libera.
Todavía está allí, pero no lo afecta.
No lo controla a usted, no lo esclaviza.
Ésa es la diferencia. —/—

CONCIENCIA.
Lo que nos enseñaron en ese curso fue a ser observadores participantes. Para expresarlo gráficamente, yo estaría hablando con usted y al mismo tiempo estaría afuera observándolo a usted y observándome a mí mismo.

Cuando estoy escuchándolo a usted,
es infinitamente más importante escucharme a mí mismo
que escucharle a usted.

Por supuesto, es importante escucharlo a usted,
pero es más importante escucharme a mí mismo, (autobservarme)
de otra manera, no lo estaré oyendo.
O distorsionaré todo lo que dice. Lo oiré a través de mi condicionamiento.

Reaccionaré a usted de muchas maneras,
de acuerdo con mis propias inseguridades, con mi necesidad
de manipularlo, con mi deseo de tener éxito, con irritaciones
y sentimientos de los cuales tal vez no sea consciente.
De manera que es muy importante que me escuche a mi mismo cuando lo estoy escuchando a usted. Para eso nos entrenaron: para ser conscientes.

Usted no tiene que imaginarse a usted mismo flotando en alguna parte en el aire. Para aproximarse a una comprensión de lo que estoy diciendo, imagínese un buen conductor, que conduce un automóvil y que está concentrado en lo que usted le dice. En verdad es posible que esté discutiendo con usted, pero está completamente consciente de las señales de tránsito. En el momento en que sucede algo inesperado, en el momento en que hay un sonido, o ruido, o roce, lo oirá de inmediato. Dirá: “¿Está seguro de que cerró esa puerta de atrás?”

¿Cómo lo hizo? Estaba consciente, estaba alerta. Su atención estaba enfocada en la conversación, o en la discusión, pero su consciencia era más difusa. Estaba percibiendo muchas cosas.

Aquí no estoy defendiendo la concentración. Eso no es importante. Muchas técnicas de meditación inculcan la concentración, pero yo desconfío de eso. Implican violencia y, con frecuencia, implican más programación y más condicionamiento, lo que yo defendería sería la consciencia, que no es lo mismo que la concentración.  

La concentración es un reflector, un foco. Usted le abre a cualquier cosa que entra en su consciencia. Usted puede distraerse de eso, pero cuando practica la consciencia, nunca está distraído. Cuando llega la consciencia, nunca hay distracción, porque usted siempre estará consciente de lo que ocurra.

Digamos que estoy mirando esos árboles y estoy preocupado.
¿Estoy distraído?

Estoy distraído solamente si me propongo concentrarme en los árboles. Pero si soy consciente de que también estoy preocupado,
eso no es ninguna distracción.
Sencillamente, tomé consciencia del lugar donde está mi atención.

Cuando algo no va bien o algo inesperado sucede, usted lo notará de inmediato ¡Algo no marcha bien! En el momento en que un sentimiento negativo surge en la consciencia, usted lo notará. Usted es como el conductor del automóvil.

LOS ROTULOS
Cuando alguien dice:
“Tuve éxito”, está en un error, está a obscuras. Se identificó con el éxito. Lo mismo sucede cuando dice: “Fracasé”; yo soy abogado, yo soy un hombre de negocios. Ustedes saben lo que va a suceder si se identifican con estas cosas. Se van a apegar a ellas y se van a preocupar porque se acaben. Y entonces es cuando aparece el sufrimiento.

Eso es lo que quería decir antes cuando les dije:

“Si ustedes sufren, están dormidos”

¿Quieren un signo de que están dormidos?

Aquí lo tienen: ustedes sufren.

El sufrimiento es un signo de que ustedes no están en contacto con la verdad. El sufrimiento les da para que puedan abrir los ojos a la verdad, para que puedan comprender que en alguna parte hay falsedad, así como el dolor físico les da, para que comprendan que en alguna parte hay enfermedad. El sufrimiento indica que en alguna parte hay falsedad.

El sufrimiento se produce
cuando ustedes se estrellan contra la realidad.
Cuando sus falsedades se
estrellan con la verdad, entonces hay sufrimiento.
De otra manera no hay sufrimiento.

LOS OBSTÁCULOS A LA FELICIDAD.
Lo que voy a decir puede parecer un poco rebuscado. Pero es la verdad. Lo que viene pueden ser los minutos más importantes de su vida, si pudieran comprender esto, descubrirían el secreto del despertar. Serían felices para siempre. Nunca volverán a ser desdichados. Nada podría volver a lastimarlos. Lo digo en serio: «Nada, es como cuando se derrama pintura negra en el aire; el aire permanece sin contaminar».

Usted nunca puede pintar el aire de negro. No importa qué le suceda, usted permanece incontaminado. Permanece en paz. Hay seres humanos que han logrado esto, lo que llamo ser humano. Nada de esa tontería de ser una marioneta llevado de un lado a otro, dejando que los acontecimientos y las personas le digan cómo sentirse, de manera que usted se siente así y dice que es vulnerable. ¡Ja! Eso lo llamo ser una marioneta ¿Quiere ser una marioneta? Presione un botón y está deprimido; ¿eso le gusta? Pero si se niega a identificarse con esos rótulos, cesan la mayoría de sus preocupaciones.

¿Quién decide lo que significa tener éxito?                                                  ¡La sociedad!  ¡La principal preocupación de la sociedad es mantener enferma la sociedad!   Y cuando más rápidamente comprenda esto, mejor. Están enfermos, todos. Están chiflados, están locos. Usted llegó a ser presidente del manicomio y está orgulloso de ello aunque no significa nada.

Ser presidente de una corporación no tiene nada que ver con el éxito en la vida. ¡Usted tiene éxito cuando despierta! Entonces no tiene que presentarle disculpas a nadie, no tiene que explicarle nada a nadie, no le importa un comino lo que otros piensen de usted o lo que digan de usted. Usted no tiene preocupaciones; es feliz. Eso es lo que yo llamo tener éxito. Tener un buen empleo o ser famoso no tiene nada que ver con la felicidad o el éxito. ¡Nada!. Eso es totalmente ajeno. Todo lo que le preocupa realmente a él es lo que sus hijos piensen de él. Lo que sus vecinos piensen de él, lo que su esposa piense de él. Nuestra sociedad y nuestra cultura nos meten eso en la cabeza día y noche.

Y las personas que lo logran..

¿Logran qué? Hicieron el ridículo. Porque gastaron toda su energía consiguiendo algo que no tenía valor. Están asustados y confundidos. son marionetas, como los demás, mírelos pasando por el escenario. Miren cómo se descomponen si tienen una mancha en la camisa. ¿Es eso el éxito? miren cuan asustados están ante la posibilidad de no ser reelegidos. ¿Eso es éxito? Están controlados, son manipulados. No son felices, son desgraciados. No disfrutan la vida, están constantemente tensos y ansiosos. ¿Es eso humano? ¿Y saben por qué sucede eso? Solamente por una razón:
Se identificaron con algún rótulo.

Identificaron el “yo” con su

dinero o con su empleo o con su profesión.

Ese fue el error que cometieron.

¿Han oído hablar del abogado a quien el plomero le presentó una cuenta?  Le dijo al plomero:

– Mire, usted me está cobrando doscientos dólares la hora. Yo no me gano eso como abogado. El plomero le contestó:

-¡Yo tampoco me ganaba esa cantidad de dinero cuando era abogado! Usted podría ser plomero o abogado, hombre de negocios o sacerdote, pero eso no lo afecta. Si mañana cambio de profesión, es como cambiarme de ropa. No me toca.

¿Es usted su ropa?
¿Es usted su nombre?
¿es usted su profesión?

Deje de identificarse con esas cosas, ellas van y vienen.

Cuando usted comprenda esto realmente, ninguna crítica puede afectarlo. Tampoco pueden afectarlo la alabanza o la adulación. Cuando alguien le dice: “Usted es una gran persona” ¿de qué está hablando? Estas cosas dependen del estado de ánimo de la persona que está hablando con usted en este momento.

¿Quiere ser feliz? La felicidad ininterrumpida no es causada. Usted no puede hacerme feliz. Usted no es mi felicidad. Usted le dice a la persona que ha despertado: ¿Por qué está feliz? y la persona que ha despertado responde: ¿Por qué no he de estarlo?

La felicidad es nuestro estado natural. La felicidad es el estado natural de los niños, a quienes pertenece el reino hasta que son corrompidos y contaminados por la estupidez de la sociedad y la cultura. No se puede hacer nada para adquirir la felicidad, porque la felicidad no se puede adquirir. ¿Alguien sabe por qué? Porque ya la tenemos. ¿Cómo se puede adquirir lo que ya se tiene? ¿entonces por qué no tiene experiencia de ella? Porque tiene que descartar algo. Tiene que descartar las ilusiones.

Para ser feliz no tiene que agregar nada; tiene que descartar algo. La vida es fácil, la vida es maravillosa. Es dura solamente para sus ilusiones, sus ambiciones, su avidez, sus deseos.

¿Sabe de dónde vienen estas cosas?
De haberse identificado con toda clase de rótulos.

Anthony de Mello
Extracto del libro: Despierta de
Anthony de Mello

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