137. El mal y la mentira


Como hemos señalado..

es característico de los Malos,
juzgar a los demás, como Malos..!

Incapaces de reconocer su propia
imperfección, tienen que explicar sus defectos culpando a otros.!

Bastante a menudo pasa que,
cada vez que culpemos a otros de ser malos, es posible
que nosotros mismos, seamos quienes estamos cometiendo el mal.

«Realmente, casi no es necesario que hagamos
el bien, lo que hace falta es que dejemos de hacer el mal..»

Issac Asimov

Ya sea que, llamemos malo a un hombre sobre la base de la pura opinión, o de un test psicológico estandarizado, de todos modos estamos haciendo un juicio moral. ¿No seria mejor que evitáramos hacer cualquiera de las dos cosas?

Una actitud como -soy una buena persona; eres una buena persona- puede tener cierto lugar para facilitar nuestras relaciones sociales, pero no más que eso.

-Observemos la vida cotidiana-

Si voy a contratar un empleado:
1.- ¿debo tomar a la primera persona que se presenta, o entrevistar a una serie de postulantes y juzgar entre ellos?

2.- ¿Qué clase de padre sería yo, si descubriera que mi hijo engaña, miente o roba y no lo critican?

3.- ¿ Qué debo decirle a un amigo que piensa suicidarse o a un paciente que está vendiendo heroína?
¿ Estás bien.?

Existen cosas tales como,
el exceso de comprensión, el exceso de tolerancia
y el exceso de permisividad.

El hecho es que no podemos llevar una vida decente, sin hacer juicios en general y juicios morales en particular.

1.- Cuando los pacientes vienen a verme, se supone que me pagan por mi juicio, presumiblemente bueno.

2.- Cuando yo busco asesoramiento legal, me interesa la cualidad del juicio de mi abogado.

3.- ¿Gastamos cinco mil dólares en unas vacaciones para la familia, o los invertimos en ahorros para la educación de los chicos?

4.- ¿Hago trampa o no, con mis impuestos a las ganancias?

Ustedes y yo pasamos nuestros días tomando decisiones que son juicios, la mayoría de los cuales tienen matices morales, no podemos escapar al acto de juzgar.

La frase -No juzguen, para no ser juzgados-, generalmente se cita fuera de contexto. Cristo no nos pidió que siempre evitáramos juzgar.

Lo que dijo en los cuatro versos siguientes es que debíamos juzgarnos a nosotros mismos, antes de juzgar a los demás, no que no debemos juzgar en absoluto.

“Hipócrita”, dijo; “primero quítate la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

Como reconocía el potencial para el mal en los juicios morales, nos instruyó no, para que siempre evitáramos hacerlos, sino para que -nos purificáramos antes de hacerlos-. Que es donde fallan los malos. Es la autocrítica lo que ellas evitan.

También debemos recordar
el propósito para el cual juzgamos.
Si es para curar, perfecto.

Creo que la exploración científica de -la maldad humana-, dará testimonio de la verdad de esta reflexión.

Consideremos algunos de los temas que este trabajo ha presentado, hacia la tendencia al -mal-.

1.- La posibilidad de causa o predisposición genética.

2.- La evidencia del rol de los padres, que no dan amor a sus hijos, y el excesivo sufrimiento en la infancia.

3.- Y la naturaleza misteriosa, de la bondad Humana.

Cuanto más profundamente
examinamos el tema, menos causa encontramos,
para el orgullo personal.

Por lo tanto:
El tema no es, si juzgar o no,
pero, si decidimos juzgar,
el problema es:

CÓMO Y CUÁNDO, JUZGAR — SABIAMENTE —

Nuestros grandes líderes espirituales nos han dado la base. Pero como finalmente tenemos que hacer juicios morales, tiene sentido refinar un poco más nuestra sabiduría con la aplicación del método científico y el conocimiento del mal cuando sea apropiado.

Los efectos que siguen a una concentración en el mal, demasiado constante e intensa, son siempre desastrosos.

-Los que luchan, no a favor de Dios en ellos mismos, sino contra el demonio en otros, nunca logran mejorar el mundo-, sino dejarlo como estaba, o bien perceptiblemente un poquito peor de lo que estaba antes de comenzar su cruzada.

Al pensar ante todo en el mal,
por
excelentes que sean nuestras intenciones,
tendemos a crear:

-ocasiones para que el mal se manifieste-

No hay quien pueda concentrar
su atención en el mal, ni siquiera en la idea del mal,
y no resultar afectado.!

Estar más contra el mal,
que a favor de Dios es excesivamente peligroso.

Todo cruzado puede llegar a volverse -loco-.
Lo persigue la maldad, que él atribuye a sus enemigos; ésta se convierte de alguna manera en parte de sí mismo
.

A la increíblemente monótona locura de los -Adolf Eichmann- de este mundo, se refería Hannah Ahrendt cuando hablaba de:

– la banalidad del mal –

Thomas Merton lo dijo de esta manera:
Uno de los hechos más perturbadores que surgieron del juicio a Eichmann fue que, un psiquiatra lo examinó y lo declaró -perfectamente cuerdo-.

Igualamos la -salud mental- con un sentido de justicia, con una actitud humanitaria, con la prudencia, con la capacidad de amar y comprender a otra gente. Confiamos en las personas -mentalmente sanas- del mundo para que nos preserven de la barbarie, la locura, la destrucción.

Y ahora comenzamos a descubrir que son precisamente los:
-mentalmente sanos- los más peligrosos.

-Son los sanos-, los bien adaptados, los que sin escrúpulos y sin náuseas dirigen los misiles y oprimen los botones que iniciarán la gran orgía de destrucción que ellos, los sanos, han preparado.

¿Qué debemos hacer con los
malos, cuando su disfraz de salud o de cordura es
tan eficaz, y su destructividad tan -normal-?

En primer lugar tenemos que dejar de creer en sus mentiras y no
permitir que nos engañen con sus fingimientos.

—/—

Un hombre de veintiocho años, había pasado varios años en terapia conmigo, enfrentándose con el mal que su padre le había hecho en la infancia. Una noche tuvo el siguiente sueño que, representaba el comienzo de una nueva etapa en el proceso de su curación:


Relato:

—Era en la época de la guerra, yo llevaba uniforme de combate, yo estaba parado frente a la casa de Morristown.. la casa donde pasé los peores años de mi infancia. Mi padre estaba en la casa.

Yo tenía un walkie-talkie y estaba en comunicación con un pelotón de morteros. Yo le daba al jefe del pelotón las coordenadas de la casa, y le pedía que hiciera un esquema de nuestra posición.

Sabía que probablemente yo volaría junto con mi padre y la casa en el bombardeo, pero el hecho no parecía importarme en absoluto.

Sin embargo, el jefe del pelotón me decía:
“Tenemos montones de pedidos como éste en todas partes”, agregó que no sabía si podrían hacerlo.

Yo estaba muy alterado, le rogué que lo hiciera, hasta le dije que habría un cajón de botellas de whisky para él si lo hacía.

Finalmente pareció aceptar. Vería lo que se podía hacer, dijo. Me sentí magníficamente bien.

Pero entonces mi padre salió corriendo de la casa para hablar conmigo.

No recuerdo exactamente qué dijo, pero tenía algo que ver con los invitados o las visitas, o con otra gente. Volvió a entrar en la casa.

Miré hacia el sendero, y sí, era cierto, había un grupo de personas que se dirigían a la casa. No sé quiénes eran. No eran de la familia. Sólo visitantes.

Y de pronto me di cuenta de que, también volarían con el fuego de artillería. Volví a llamar frenéticamente al jefe del pelotón, sólo que esta vez, le rogaba que no dispararan contra nosotros.

Le dije que, de todos modos le regalaría el cajón de botellas de whisky.

Dijo que cancelaría la orden.

Y me desperté sintiéndome tremendamente aliviado. Sé que había vuelto a él justo a tiempo.

—/—

Como el paciente en el sueño, todos combatimos contra el mal. En el fragor de la batalla es tentador aferrarse a alguna solución aparentemente simple, tal como:

 Lo que tenemos que hacer
con esta gente, es simplemente reventarlos con  bombas..!

Y si nuestra pasión es suficientemente grande, hasta es posible que estemos dispuestos a volar nosotros junto con ellos en este proceso de -extirpar el mal-.

Pero chocamos con el viejo problema de que el fin no justifica los medios. Aunque -el mal es la anti-vida-, es en sí mismo una forma de vida. -Si matamos a los que son malos, nosotros mismos nos volveremos malos; seremos asesinos-. Si pretendemos enfrentar el mal destruyéndolo, terminaremos por destruirnos a nosotros mismos, si no físicamente, en el sentido espiritual. Y es posible que también caigan con nosotros algunos inocentes.

¿Qué hacer, entonces?
Como mi paciente, tenemos que empezar por abandonar la simple idea de que podemos vencer eficazmente al mal destruyéndolo. Pero esto nos deja en una suerte de vacío nihilista.

¿Debemos declararnos impotentes, considerar el problema del mal como insoluble por naturaleza? Seguramente que no. Eso no tendría sentido.

Es en la lucha entre -el bien y el mal- que la vida adquiere su significado, y en la esperanza de que el bien puede triunfar. Esa esperanza es nuestra respuesta: -el bien puede triunfar-. -El mal puede ser vencido por el bien-. Al traducir esto nos damos cuenta de algo que siempre supimos: -el mal puede ser vencido por el amor-.

-De manera que la metodología de nuestro ataque —científico y de otra índole— al mal, debe ser el amor-. Suena tan simple que uno no puede menos que preguntase por qué no es una verdad más obvia. El hecho es que por más que suene muy simple, la metodología del amor es tan difícil en la práctica que no nos animamos a usarla. A primera vista hasta parece imposible.!

¿Cómo es posible amar a las personas que son malas?
Sin embargo eso es precisamente lo que digo que debemos hacer. Específicamente, si queremos realizar sin riesgos una investigación sobre las personas malas, debemos hacerlo en el amor. Debemos comenzar a partir de una posición de amor por ellas.

Un sacerdote describió esta compasión de Dios por el hombre, poniendo en boca de Dios las siguientes palabras:

  • “Te conozco. Yo te he creado. Te he amado desde que estabas en el vientre de tu madre. Has huido —como ahora sabes—de mi amor, pero igual te amo, y no menos por más lejos que huyas.

  • Soy yo quien apoya tu poder mismo de volar, y nunca te dejaré ir del todo. Te acepto como eres. Te perdono. Conozco todos tus sufrimientos. Siempre los he conocido. Más allá de lo que puedas comprender, cuando tú sufres, yo sufro. También conozco todos los pequeños trucos con que tratas de ocultar a los demás y a ti mismo la fealdad en que has convertido tu vida.

  • Pero tú eres hermoso. Eres más hermoso por dentro de lo que percibes. Eres hermoso porque tú mismo, en la persona única que sólo tú eres, reflejas ya algo de la belleza de mi santidad de una manera que nunca terminará. Además eres hermoso porque yo, y sólo yo, veo la belleza en que te convertirás. A través del poder de transformación de mi amor que se hace perfecto en la debilidad, tú llegarás a ser perfectamente hermoso en una forma única e irremplazable, que ni tú ni yo lograremos solos, porque la lograremos juntos”.

No es fácil abrazar a la fealdad, con el único motivo
de la esperanza en que, de alguna manera desconocida,
se operará una transformación en belleza.

Pero sigue existiendo:

-El mito de los sapos-
Que al recibir un beso se transforman en -Príncipes-

M. Scott Peck
EL PELIGRO DEL JUICIO MORAL

Artista-HR-Ryan

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