135. Cuando conocí a Dios, narrado por un niño


El temor a Dios…!

Recuerdo el momento exacto cuando decidí que debía -temer a Dios-.
Fue cuando Él me dijo, que -mi madre se iba a ir al infierno-.

Bueno, Él no fue exactamente,
pero alguien lo expresó en representación suya..

Relato:

Tenía alrededor de seis años y mi madre, quien se consideraba un poco mística, le -leía las cartas- a una amiga en la mesa de la cocina. A nuestra casa llegaba gente a todas horas para ver qué vaticinios extraería mi madre, de una baraja común de naipes. Ella era buena para eso aseguraban, y sutilmente se corrió la voz acerca de su talento.

En este día particular, cuando mamá leía las cartas, su hermana llegó a hacerle una visita sorpresa. Recuerdo que mi tía se veía muy feliz por la escena que encontró, cuando después de tocar una vez, entró intempestivamente a través de la reja de la puerta. Mamá reaccionó como si hubiese sido sorprendida en flagrancia haciendo algo que no debía. Presentó con torpeza a su amiga y recopiló todos los naipes con rapidez, para meterlos en el bolsillo de su delantal.

No se comentó en ese momento, pero más tarde mi tía fue a despedirse al patio trasero, donde yo había ido a jugar.

-Sabes-, externo mientras la acompañaba a su carro, -tu mamá no debería leerle el futuro a la gente por medio de esos naipes. -Dios la va a castigar-.

-¿Por qué?- le pregunté.

-Porque está comerciando con el diablo- recuerdo esa escalofriante frase por su sonido peculiar en mi oído y -Dios la va a enviar directo al infierno-.

Expresó esto tan alegremente, como si estuviese anunciando que llovería mañana. Hasta este día, recuerdo que temblaba de temor, mientras ella conducía en reversa su carro por el camino de entrada. -Estaba muerto de miedo de que mi mamá hubiera provocado tanto el enfado de Dios-.

— Fue justo en ese momento, que el miedo a Dios se enraizó en mí —

¿Cómo es que Dios, quien se supone, es el creador más benévolo del universo,
querría castigar a mi madre, la criatura más benévola en mi vida,
con la condenación eterna?

Esto es lo que mi mente de seis años, suplicaba entender.
Entonces, llegué a la conclusión a la que llegaría un niño de seis años:
-Si Dios era tan cruel como para hacerle algo semejante a mi madre, quien a los
ojos de todos aquellos que la conocían, era prácticamente una santa, por lo tanto de seguro era muy fácil hacerle enojar –más fácil que a mi padre- así que más valía que todos camináramos bien derechos-.

— Le tuve miedo a Dios durante muchos años,
y mi temor se veía constantemente reforzado —

Recuerdo que me explicaron en las clases de catecismo, en el segundo año de primaria, que si no bautizaban a un bebé no iría al cielo. Esto parecía algo tan improbable, incluso para niños de segundo año, que solíamos intentar confundir a la monja haciendo preguntas complejas como:

-Hermana, hermana, ¿qué ocurre si los padres están llevando al bebé a ser bautizado, y entonces la familia entera muere en un accidente automovilístico? ¿Acaso ese bebé no se va con sus padres al cielo?

Nuestra hermana (sor) de seguro era chapada a la antigua.
–No- suspiraba profundamente- me temo que no-
para ella, la doctrina era la doctrina; no había excepciones.

-Pero entonces, ¿adonde va el bebé?
-preguntó uno de mis compañeros con gran interés-.
¿Al infierno o al purgatorio?

(en los buenos hogares católicos, nueve años es edad suficiente para saber lo que significa la palabra -infierno-.)

-El bebé no irá al infierno ni al purgatorio-
contestó la hermana- el bebé iría al -limbo-.
-¿Limbo?

-Limbo- explicó la religiosa- es donde Dios envía a los bebés y a algunas personas, quienes, por motivos ajenos a su voluntad, mueren sin ser bautizados en la religión -verdadera- no estaban siendo castigados, pero nunca llegarían a ver a Dios.

—/—

Este es el Dios con el que crecí..
Quizá crean que estoy inventando todo esto, pero no es así.

El temor a Dios es algo creado por las religiones y es,
de hecho, fomentado por muchas de ellas.

Nadie tenía que fomentarlo en mi, debo advertir. Si creen que estaba atemorizado por la explicación del limbo, esperen a escuchar el concepto sobre el fin del mundo.

A principios de los años cincuenta escuché la historia de los niños de Fátima. Se trata de una aldea en la parte central de Portugal, al norte de Lisboa, en donde se dice que la Santa virgen se le apareció en varias ocasiones a una niña y a sus dos primos. Esto es lo que me contaron al respecto:

Relato:
La Santa Virgen le dio a los niños una Carta para el Mundo, que debía entregarse en manos del Papa. Él, a su vez, tenía que abrirla y leer su contenido, para luego volver a sellarla y sólo revelar su contenido al público varios años después, de ser necesario.

Se habla de que el Papa lloró durante tres días después de leer dicha carta, que según se supo, contenía noticias terribles acerca de la profunda desilusión que le habíamos hecho sentir a Dios, y detalles de cómo Él tendría que castigar al mundo si no escuchábamos esta advertencia final y cambiábamos nuestras conductas. Sería el fin del mundo, habría gemidos, rechinar de dientes y un tormento increíble.

Dios, nos aseguraron en el catecismo, tenía la suficiente ira como para infligir el castigo en ese mismo momento; sin embargo, sentía piedad y nos daba una última oportunidad, gracias a la intervención de la Santa Madre.

—/—

La historia de Nuestra Señora de Fátima llenó de terror mi corazón. Corrí a casa para preguntarle a mi madre si esto era cierto. Ella respondió que si los sacerdotes y las monjas nos enseñaban esto, seguramente era cierto.Nerviosos y ansiosos, los niños de la clase bombardeamos a la hermana con preguntas sobre qué hacer-.

1.- Vayan a misa todos los días- nos aconsejaba.
2.- Recen el rosario todas las noches y
3.- Hagan las -Estaciones de la Cruz- con frecuencia.
4.- Acudan a confesión una vez a la semana-.
5.- Hagan penitencia y ofrezcan su sufrimiento a Dios- como
evidencia de que le han dado la espalda al pecado.
6.- Reciban la Santa Comunión-.
7.- Y pronuncien un -Perfecto Acto de Constricción- antes de dormir todas las noches, de manera que -si se los llevan antes de despertarse-, hayan ganado el derecho de unirse a los santos en el cielo.

En realidad, hasta que aprendí esta plegaria de la niñez, nunca se me hubiera ocurrido -que podría no vivir hasta el amanecer-:

– Ahora me acuesto a descansar..
– Al Señor le pido mi alma cuidar..
– Y, si muero antes de despertar..
– Le pido al Señor mi alma llevar.!

Unas cuantas semanas repitiéndola y ya tenía miedo de ir a dormir.
Lloraba todas las noches, y nadie alcanzaba a entender qué era lo que me pasaba.
Hasta la fecha, tengo una fijación con la muerte repentina.
A menudo, cuando abandono la casa para tomar un vuelo al extranjero -o a veces,
cuando voy al supermercado- le digo a mi esposa Nancy:

-Si no regreso,
recuerda que las últimas palabras que escuchaste de mi fueron:
-Te Amo-

Se ha convertido en un chiste habitual,
pero hay una pequeña parte de mí que habla completamente en serio.

—/—

Mi siguiente experiencia con -el temor a Dios- ocurrió cuando tenía trece años:
El chico encargado de cuidarme durante mi infancia, Frankie Shultz, quien vivía en la casa de enfrente, se iba a casar. ¡y me invitó -a mí- a que fuera acomodador en su boda! Vaya que me sentía orgulloso. Hasta que llegué a la escuela y se lo conté a la hermana.

-¿En dónde se va a celebrar la boda?- preguntó sospechosamente.
Le di el nombre del lugar.
Su voz se convirtió en hielo.
-Esa es una iglesia luterana, ¿no es verdad?

-Bueno, no se. No pregunte. Supongo que yo…
-Si es una iglesia luterana, tú no debes ir.
Lo tienes prohibido- declaró en forma decisiva.
-Pero, ¿por qué?- persistí.

La religiosa me miró como si no pudiera creer que continuaba cuestionándola. Entonces, claramente echando mano de alguna fuente interna de paciencia infinita, parpadeó dos veces y sonrió.

-Dios no quiere que entres a una iglesia pagana, hijo mío- explicó la monja.
Las personas que se congregan ahí -no creen lo mismo que nosotros-.
-Ahí no enseñan la verdad-.
-Es un pecado acudir a cualquier iglesia ajena a la católica-.
Siento mucho que a tu amigo Frankie se le haya ocurrido casarse ahí.
-Dios no consagrará ese matrimonio-.

-Hermana- insistí, rebasando por mucho el punto de tolerancia-,
¿qué pasaría si de todas maneras fuera acomodador en la boda?

-Bueno, entonces- contestó con verdadera preocupación,
-Tribulaciones caerán sobre tu cabeza-.

—/—

Vaya, era abrumador.
Dios no se andaba por las ramas.
Aquí no había posibilidad de propasarse un poco.

Bueno, yo si me propase. Ojala pudiera informar que base mi protesta en argumentos morales más elevados, pero la verdad es que no soportaba la idea de no usar mi saco deportivo color blanco (¡con un clavel rosa, como en las canciones de Pat Boone!).

Decidí no contarle a nadie lo que me había dicho la monja, y asistí a la boda para desempeñar la función de acomodador.

¡Vaya que estaba asustado!
-Quizá crean que exagero, pero todo el día esperé que Dios me lanzara un rayo mortal-. Incluso, durante la ceremonia permanecí alerta para detectar -las mentiras luteranas- sobre las que me habían advertido, pero todas las palabras pronunciadas por el ministro fueron -cálidas, maravillosas, y provocaron el llanto de todos los presentes. Hacia el final del servicio, yo estaba empapado hasta los huesos-.

Esa noche supliqué a Dios de rodillas que perdonara mi transgresión. Pronuncié el -Acto de Constricción- más perfecto que jamás hayan escuchado. (Oh, Dios mío, estoy profundamente arrepentido por haberte ofendido…) Permanecí acostado en mi cama por horas, con temor a dormir, repitiendo una y otra vez: -y si me muero antes de despertar, le pido al Señor mi alma llevar…-

—/—

Les he contado esta historia de mi infancia –y podía agregar muchas más- por una razón. Quiero que les quede claro -Cuán real era mi temor a Dios-. Porque mi historia no es única.

-Y como ya he explicado, no sólo los católicos romanos viven en constante estado de temor a Dios-. Nada más alejado de la verdad, la mitad de la población del mundo cree que Dios se -vengará de ellos-, si no son buenos.

Los fundamentalistas de muchas religiones
implantan el temor en el corazón de sus seguidores:

-No pueden hacer esto-. -No hagas aquello-. -Deja de hacerlo o Dios te va a castigar-. -Y no me estoy refiriendo a prohibiciones grandes, como -No Matarás-.

Estoy hablando de un Dios que se molesta porque comes carne en viernes (aunque aparentemente, ya ha cambiado de parecer al respecto), o cerdo cualquier día de la semana, o porque te has divorciado.

Este es un Dios al que la mujer enfadará por no cubrir su rostro con un velo; por no visitar la Meca durante tu vida; por no detener todas tus actividades, desenrollar tu alfombra y postrarte cinco veces al día; por no contraer matrimonio en el templo; por no ir a confesión o asistir a la iglesia cada domingo, lo que sea.

Debemos tener cuidado con Dios.
El único problema es que es difícil saber las reglas, porque hay tantas.
Y lo más difícil es que las de todas las personas son correctas.
O cuando menos eso aseguran.
Sin embargo, no todas pueden ser correctas.
De modo que, ¿cómo escoger?, ¿cómo saber?
Es una pregunta inquietante, y bastante importante,
si se considera el margen aparentemente pequeño de error que él nos concede.

De repente surge un libro llamado -Mi amistad con Dios-.

¿Qué podrá significar esto? ¿Cómo puede ser?
¿Será posible que Dios no sea el santo justiciero después de todo?
¿O tal vez que los bebés
que no fueron bautizados realmente sí van al cielo?

¿Será que usar un velo o inclinarse hacia el este, permanecer célibe o abstenerse de comer
cerdo, son situaciones que no tienen que ver con nada?
¿Quizás sea que Alá nos ama sin condición?
¿O que Jehová nos elegirá a todos
para que estemos con Él cuando se aproximen los días de gloria?

Pero fundamentalmente y de mayor transcendencia,
¿es factible que no debiéramos referirnos a Dios como -Él-, después de todo?
¿Dios será mujer? O, aún más increíble, ¿no tenga género?

Para una persona educada como yo, inclusive tener tales pensamientos se considera un pecado. Sin embargo, debemos pensar en esto. Debemos desafiarlo. Nuestra fe ciega nos ha conducido hacia un callejón sin salida. La raza humana no ha progresado mucho durante los últimos dos mil años en términos de evolución espiritual. Hemos escuchado a maestro tras maestro, lección tras lección, y aún exhibimos las mismas conductas que le han causado miseria a nuestra especie desde el comienzo de los tiempos.

Aún asesinamos a nuestro género; dirigimos nuestro mundo por medio de la fuerza y la avaricia; reprimimos sexualmente a nuestra sociedad; maltratamos y damos una educación deficiente a nuestros niños, además de ignorar el sufrimiento, y de hecho, crearlo es peor.

Han transcurrido dos mil años desde el nacimiento de Cristo, dos mil quinientos años desde los tiempos de -Buda- y más desde que apareció -Confucio- o -la sabiduría del Tao-, y aún no hemos dilucidado las respuestas a las preguntas principales.

¿Habrá alguna vez una forma de convertir las respuestas que ya hemos recibido en algo digno de usar, algo que funcione en nuestras vidas cotidianas.?

Creo que sí la hay. Y me siento bastante seguro al respecto, porque es algo que he discutido bastante en mis conversaciones con Dios-

Las preguntas que me han formulado con más frecuencia son:

¿Cómo sabes que realmente has hablado con Dios?
               ¿Cómo sabes que no es tu imaginación?
                                          ¿O peor aún: el diablo tratando de engañarte?

La segunda pregunta que más me formulan es:
¿Por qué tu?
                                                           ¿Por qué Dios te eligió a ti?

Y la tercera desde que esto ocurrió:
¿Cómo ha cambiado tu vida?
                                                       ¿Cómo han cambiado las cosas?

Amistad con Dios
Neale Donald Walsh

Artista-Marina Marcolin
Artista-jose luis serzo

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