131. Esa voz que algunos llaman -conciencia-

-La voz de la conciencia-
Se le llama a esa parte de nosotros mismos que actúa como
-guardián de la moral- sobre lo que pensamos, sentimos o hacemos.

Cuando reconoces que hay una voz en tu cabeza
que pretende ser tú y que nunca deja de hablar, estas saliendo de la identificación
inconsciente de la corriente de pensamientos.

Cuando notas esa voz, te das cuenta
de que tú no eres la voz —el pensador—, sino quien es consciente de ella.

Es como un -otro yo- que propicia un diálogo interno.
En ese diálogo advierte, recrimina o hasta castiga.
Esa voz está ahí para conducirnos, por lo general, a la -CULPA-.

-La voz de la conciencia- es la expresión de la autoridad en nuestro interior.
Esa fuente de autoridad ha sido inculcada y corresponde o a un padre, o a un dios, o a una religión o a cualquier otra forma de poder que define unas normas de conducta.

“La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros.”
-Michel de Montaigne-

 -La voz de la conciencia nos habla de moral, de buenas costumbres-
Parece como un fiscal, porque su papel es acusatorio y para algunas personas llega a ser extremadamente insidiosa. De hecho, hay quienes llegan a experimentar físicamente esa voz, como un susurro al oído que siempre está señalando con el dedo,
amenazando y agrediendo a quien la escucha.

– La conciencia moral y los prejuicios –

Todos nos convertimos en personas aptas para vivir civilizadamente en una
sociedad, gracias a que alguien nos enseñó, como dice la canción:
“que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”.

Para poder convivir con los demás debemos renunciar a actuar haciendo lo que se nos antoje. Tenemos que ceder parte de nuestros deseos en nombre de una sana adaptación a algunas normas básicas que rigen el mundo.

También nos inculcan desde niños un catálogo de conciencia moral en el que hay dos apartados separados por una gruesa línea roja: -lo que está bien y lo que está mal-.

Por lo general, los padres o tutores solamente son los transmisores de una moral que ya ha sido establecida por alguna autoridad. -Así, aprendemos a valorar lo bueno y lo malo a partir de la religión, la ley, la cultura o cualquier otro conjunto de principios que rija una sociedad-.

Muchos de esos principios y valores están lejos de ser razonables, en la mayoría de los casos precisamente por el carácter absoluto y poco flexible con el que vienen impuestos.

Además, esos valores a veces se basan en -prejuicios, miedos insanos o deseos inconfesables-. A algunos, por ejemplo, nos enseñan que la discriminación racial es positiva porque protege la -pureza- de un determinado grupo. A otros les indican que pensar en el sexo es pecado. En ambos casos, lo que se transmite es irracional y aún así se inculca como válido.

– La rigidez moral y la arbitrariedad –

La conciencia moral, por lo general, se transmite de manera arbitraria. En principio, los padres y el mundo consideran que es un deber ayudar al niño a que acepte los mandatos morales de la sociedad. -No necesitan exactamente que tengan una conciencia real de ellos, sino que los obedezcan-.

-Por eso, para muchos, -educar- consiste en lograr que todos obedezcan-. En algunas familias y en algunas sociedades, especialmente las que deben transmitir principios de conducta que riñen con la razón, se valen del señalamiento, de la amenaza y del castigo para poder inculcar en los suyos el respeto a ciertas normas.

Es lo que sucede en las culturas en donde, por ejemplo, hay una fuerte discriminación en contra de la mujer. El catálogo de conducta para ellas es sumamente estricto y está lleno de restricciones. Así se logra que lleguen a aceptar la violencia física por parte de los hombres. -Esto solo se puede inculcar a través de limitaciones y castigos que eviten su insumisión-.

– La conciencia moral y la moralina –
Moralina: (personas rígidas y autocomplacientes con su presunta superioridad moral, personas que a sí mismas se han erigido como ejemplo de la bondad más pura, sin falla alguna, que se dedican a juzgar a quienes les rodean y que se vanaglorian de su capacidad para condenar a quienes se equivocan y cometen errores).

Todos los catálogos morales incluyen alguna suerte de irracionalidad. Muchos están dirigidos hacia el comportamiento sexual y la relación que se mantiene con el poder. Muchas infancias son una etapa de -adoctrinamiento-, en la que se busca quebrar la voluntad del individuo, para que no desarrolle conductas -desviadas- de la norma.

Infinidad de personas interiorizan profundamente esos mandatos y en su vida adulta son presas fáciles de: -La -CULPA-, de hecho, llegan a sentirse culpables incluso si se les pasa por la mente cuestionar los preceptos bajo los que han sido educados-.

-Se sienten malos si ponen en cuestión
el comportamiento de sus padres o la validez conceptual de una religión-.

-La voz de la conciencia- se convierte en una instancia
perseguidora y perturbadora que les mantiene -vigilados-
y que les induce a castigarse con severidad si se apartan del mandato.

Precisamente, una de las tareas de un adulto sano es la de decantar (formar su propia opinión) esos valores, o antivalores, en los que ha sido educado.

A diferencia de la moral, -LA ÉTICA- es una construcción personal, que no tiene una alta rigidez y se basa en una valoración más objetiva de uno mismo y del mundo,
a la luz de las razones.

-LA ÉTICA- justifica las acciones con evidencias lógicas y razones de conveniencia personal y social.

-LA MORAL- se sustenta en prejuicios, es decir, en argumentos que terminan en una arbitrariedad del tipo -porque así debe ser-, -porque en la otra vida serás castigado- o -porque así se acostumbra-.

-Más ética y menos moralina- necesitamos todos para tener una convivencia sana.

– – –

ESA VOCECITA QUE NOS HABLA TODO EL DIA SE LLAMA…

-Hola no me voy a presentar porque no tengo nombre, soy esa vocecita que llevas dentro de ti! esa que te maltrata esa que te hace enloquecer, solo vengo a saludarte, no pienses que es una tregua. Lo sabes verdad? porque voy a estar aquí toda la vida para hacerte sentir culpable cada vez que haces algo…-

– – –  ¿Y cómo puedo callar la vocecita esa negativa que tengo dentro de mi cabeza, que siempre me está diciendo que no soy lo suficientemente bueno, que no merezco el éxito, que no soy digno de tener las cosas buenas, felicidad, etcétera, etcétera? ¿Cómo callo esa vocecita?, ¿qué hago para quitarme eso de adentro?

-Te voy a decir una cosa: el ser consciente de la vocecita es el primer paso para curar la vocecita o deshacerte de la vocecita-. Como todo en la vida, como todo lo que tú quieres cambiar, el primer paso es tomando consciencia, es ser consciente de la vocecita y ser consciente cuando la vocecita empieza a hablar. Esa vocecita es el resultado del condicionamiento que todos hemos recibido en nuestras vidas.

-El diálogo interno- es esa vocecita que tenemos en nuestra cabeza y, que si nos damos cuenta, no para de hablar en todo el día. No se trata de oír voces que nos digan que matemos a alguien  ni de ir hablando solo por el parque (aunque si alguno lo hace, que tampoco se preocupe excesivamente, seguramente es que piensa en voz alta).

Son esos pensamientos que no paran de rondar por nuestra cabeza porque, nos guste o no, pocas cosas hay más activas que el cerebro humano. Poner la mente en blanco es una utopía que muy difícilmente podemos lograr a no ser que dediquemos muchas horas a la práctica.

Y como casi ninguno nos dedicamos al entrenamiento mental, es inevitable que estemos constantemente escuchando esa voz. Si en algún momento no la oímos, no es porque no esté ahí, sino más bien porque no le estamos prestando atención. Pero sigue ahí.

Ese diálogo está ahí, a veces para bien, diciéndonos cosas como: -Bien hecho, esto es bueno para mí, -Puedo conseguirlo-… y en otros casos para mal: -No valgo para nada-, -Es imposible-…- Nuestra voz interior tiene un poder inigualable tanto para motivarnos y hacernos sentir bien, como para hundirnos en el más profundo de los pozos.

No es tan raro que cualquier persona que nos rodea pueda animarnos o desmotivarnos, pero es más fácil que pueda hacerlo -una voz que nos persigue a todas partes, 24 horas al día-.

Así que dado que es muy complicado librarnos de ella, lo mejor que podemos hacer es intentar domarla un poco para que lo que nos diga tenga como resultado una mejora de nuestra autoestima y motivación.

Vamos a ver 5 tipos de voces que pueden guiarnos, empujarnos y ayudarnos a afrontar dificultades… -En resumen, son 5 tipos de voces positivas que deberían escucharse más alto que cualquier otra-.

1. La voz de la razón:
Es la voz que se dedica a interceptar esos pensamientos distorsionados que nos afectan negativamente, para cambiarlos por otros más realistas y positivos.

Por ejemplo, esa voz que recoge el pensamiento: -Todo el mundo me odia-
y lo cambia por algo más ajustado a la realidad:
-Puede que a Fulanito no le guste, pero no puedo gustarle a todo el mundo y hay mucha otra gente que sí me estima-.

2. La voz de la compasión:
Esa que asume que en determinados momentos es posible que te sientas triste, enfadado, frustrado… -La que muestra la compasión contigo mismo que se necesita para poder mostrar posteriormente compasión por los demás-.

La que te dice cosas como: -Es cierto, te has equivocado. Pero tú también tienes derecho a equivocarte. Nadie es perfecto-.

3. La voz de los valores:
Esa que te recuerda tus valores más básicos y las metas y prioridades de tu vida. Porque tener siempre en mente qué es lo más importante para ti, te permite perseguir tus metas a largo plazo.

Es esa voz que te dice cosas como: -Aunque vengo agotado del trabajo, necesito apuntarme a un gimnasio porque tengo que hacer algo de ejercicio-.

4. La voz de la motivación:
Es la voz que te da instrucciones concretas en los momentos más difíciles. La que te permite mantener la motivación en los momentos complicados, para no abandonar todo.

Es esa voz que te dice: -Aunque ya estoy aburrido, dedico media hora más para terminar este informe y luego me voy a tomar un café tranquilamente-.

5. La voz de las emociones:
Es la experta en inteligencia emocional y, como tal, es capaz de identificar lo que estás sintiendo, poner nombre a tus emociones y dar rienda suelta o calmarte, según lo que más convenga. Es capaz de proporcionarte estrategias para expresar las emociones negativas de un modo más positivo o adecuado.

Te dice cosas como: -He llegado a mi límite y ahora mismo le mataría porque estoy realmente molesto y estresado. Lo mejor que puedo hacer es decirle que lo hablamos mañana-.

Recuerda que dominar nuestra mente es una de las tareas más complicadas a las que podemos enfrentarnos, así que todo el trabajo que hagas para fomentar estas voces será un paso en el camino para sentirte mejor.

Así que, aunque no lo consigas, dite a ti mismo: -Lo estoy intentando.
Aunque hoy no lo consiga, estoy haciendo lo correcto-
Y sigue intentándolo.

Artista-Jeanne saint cheron

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