122. Espejo Humeante


— Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían —
La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo,
la Creadora de todas las cosas.

Narrativa:

Hace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chaman, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo mas. Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía:

-Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas-

Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. -Todo está hecho de luz –dijo-, y el espacio de en medio no está vacío- Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información. Entonces se dio cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, el no era esas estrellas. -Estoy en medio de las estrellas-, pensó. Así que llamó a las estrellas -el tonal- y a la luz que había entre las estrellas el -nagual-, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la -Vida o Intento-.

— Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían —
La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo,
la Creadora de todas las cosas.

  • Esto es lo que descubrió:
  • Todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios.
  • Todas las cosas son Dios.
  • Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es solo luz que percibe luz.
  • También se dio cuenta de que la materia es un espejo.
  • -Todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz-
  • Y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan solo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos.

-Lo que realmente somos es puro amor, pura luz-
dijo..   Este descubrimiento cambió su vida..!

Una vez supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la tierra… Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.

En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no lo entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz.

Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie.
-Ya no se parecía a nadie-

El los comprendía muy bien a todos, pero a el nadie lo comprendía.
Creyeron que era una encarnación de Dios; al oirlo, el sonrió y dijo:

  • -Es cierto.

  • Soy Dios.

  • Pero vosotros también lo sois.

  • Todos somos iguales.

  • Somos imágenes de luz.

  • Somos Dios-

Pero la gente seguía sin entenderlo.
Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo. -Cada uno es un espejo-, dijo. Se veía en todos, pero nadie se veia a sí mismo en el. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener conciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en el porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz:

— El Sueño de los seres humanos —

Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido.
Quería acordarse de todas las visiones que había tenido,
así que decidió llamarse a sí mismo
-Espejo Humeante-

Para recordar siempre que la materia es un espejo
y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo:

Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros,
pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros.
Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú… el soñador..!

Tomado del libro:
LOS4ACUERDOS
Dr. Miguel Ruiz

Artista-Susan Seddon Boulet                                                   – – – –

Los cuatro acuerdos es un ensayo de la soteriología tolteca escrito por el médico mexicano Miguel Ruiz que, según él mismo, está basado en la sabiduría de los antiguos toltecas.

Para la milenaria cultura tolteca (México) la -realidad- que asumimos socialmente no es más que un sueño colectivo, el sueño del planeta. Desde el momento mismo de nacer, interpretamos la realidad mediante acuerdos, y así, acordamos con el mundo adulto lo que es una mesa y lo que es un vestido, pero también lo que -está bien- y lo que -está mal-, e incluso quiénes somos o cuál es nuestro lugar en el mundo (en la familia, en clase, en el trabajo).

A este proceso el escritor mexicano de origen tolteca Miguel Ruiz lo denomina domesticación.
-La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado- , comenta Ruiz. En el transcurso de este aprendizaje incorporamos en nuestra propia personalidad al juez y a la víctima.

La filosofía tolteca nos propone cuatro acuerdos básicos:

  1. Sé impecable con tus palabras“. Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti.

  2. No te tomes nada personalmente“. Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Esa es otra película.

  3. No hagas suposiciones“. Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, no saques conclusiones precipitadamente.

  4. Haz siempre lo máximo que puedas“. Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.

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